Macaé, ciudad brasileña afectada por crisis del crudo y Petrobras

Eduardo Silva blande su caña con fuerza y el anzuelo cae a unos 20 metros de la arena de la playa de Imbetiba, desde donde se comprende perfectamente por qué Macaé, urbe situada a unos 200 kilómetros de Río de Janeiro, es considerada la capital brasileña del petróleo.

Es un día de oleaje y cielos nublados, la pesca ha sido escasa, explica este gerente de transporte marino, cuya empresa abastece a las plataformas petroleras.

Silva compara la poca actividad en el mar con la crisis que vive la ciudad por la caída en los precios del petróleo y la corrupción en la estatal brasileña Petrobras.

"El ayuntamiento dice que la recaudación por los 'royalties' (las regalías) han caído un 50 por ciento. Está todo parado, las empresas no cesan de despedir gente", señala el ejecutivo.

"Nosotros vamos a reducir la plantilla en 50 personas. Y parece que lo peor está por llegar", dice pesimista, frente a los navíos atracados en el puerto desde donde cada día decenas de barcos se encargan de suministrar insumos, recambios y energía a las plataformas.

"¿Pero cómo va a haber dinero si lo han robado todo?", indica Silva, visiblemente enfadado, mientras hace referencia al anuncio realizado la víspera por Petrobras, que admitió públicamente que dos mil millones de dólares fueron desviados por la corrupción en la empresa.

Con una población de unas 230 mil personas, Macaé es uno de los mejores ejemplos para comprender la incertidumbre económica que viven las ciudades petroleras del litoral del estado de Río de Janeiro, donde yacen buena parte de las inmensas reservas de crudo que Brasil ha descubierto desde 2007.

La región es sin duda la más afectada por la caída en los precios del crudo, que en apenas un año pasó de cotizar de forma estable en 100 dólares el barril de Brent a oscilar en 50, provocando una caída en picada de los ingresos por "royalties".

Sólo en los primeros tres meses de 2015, la recaudación petrolera de Macaé cayó 35 por ciento -el equivalente a 42 millones de dólares-, una fortuna para una ciudad que vivió un aumento súbito de población los últimos años y, por lo tanto, de servicios sociales, por la instalación de cientos de empresas atraídas por el auge petrolero.

El desempleo es uno de los asuntos más comentados en las calles de la ciudad, como consecuencia de que más de 20 mil puestos de trabajo se han perdido en el sector, según datos del Sindicato de Trabajadores Offshore de Brasil en Macaé (Sinditob).

Y con el desempleo cae también el consumo, provocando que toda la economía de la ciudad se vea gravemente afectada por una reacción en cadena.

La Asociación Comercial e Industrial (ACIM) de la ciudad estima un retroceso de la actividad de 10 por ciento.

En tanto, los 10 mil cuartos de hoteles de la ciudad, que recibe ejecutivos y empleados de todo el mundo que van a trabajar a las plataformas petroleras, operan con una media del 50 por ciento de ocupación.

La situación se extiende a una decena de localidades del estado como Cabo Frío, Rio das Ostras y Sao Joao da Barra, entre otras, cuyos alcaldes llevan semanas aplicando drásticos recortes en los presupuestos para contener el desequilibrio entre ingresos y gastos.

En promedio, los municipios fluminenses perderán entre 30 y 40 por ciento de sus ingresos petroleros debido a la caída de los precios, lo que supone entre dos y tres mil millones de dólares solo para el estado de Río de Janeiro, según un estudio del Centro Brasileño de Infraestructura (CBIE).

Pero no todo se debe a la caída en los precios del crudo: las investigaciones judiciales por corrupción en Petrobras -la mayor empresa de Brasil y motor de la producción petrolera de la mayor economía de América Latina- también han dañado la actividad económica en el sector, afectando a toda la cadena de suministro.

La estatal brasileña -cuya actividad supone alrededor del 5.0 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país- presentó la víspera su balance de cuentas de 2014 y admitió que dos mil millones de dólares fueron desviados de la empresa en los últimos años.

Esta cifra habría sido desviada de la compañía petrolera para el lucro de intermediarios, funcionarios e incluso formaciones como el Partido de los Trabajadores (PT) de la presidenta Dilma Rousseff, entre otros, según informaciones de la fiscalía brasileña.

El desvío se realizaba, entre otras formas, por medio del pago de comisiones de entre 1.0 y 3.0 por ciento de los contratos firmados por Petrobras con empresas suministradoras de servicio, de acuerdo con las investigaciones.