Publicación del INAH revela rituales mortuorios de los nahuas

El libro "El inframundo nahua a través de su narrativa", coordinado por el etnólogo Iván Pérez Téllez, revela cómo conciben la muerte y la vida las comunidades nahuas de Cuacuila, Huauchinango, en el estado de Puebla.

El volumen fue presentado en el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa y será comentado mañana en la Carpa de Letras, ubicada en el Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En un comunicado emitido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se destaca que el encuentro entre el etnólogo y las comunidades de Cuacuila se dio hace 15 años cuando Iván Pérez era un estudiante.

"En ese tiempo era inexperto, con las herramientas de mi disciplina poco afianzadas, y tenía más optimismo que documentación sobre los nahuas serranos. No obstante, las charlas que sostuve con distintas personas en Cuacuila daban paso a conocer tanto la cultura nahua como su narrativa", platicó Pérez Téllez.

El interés por investigar del etnólogo lo llevó a acercarse a los rituales que se practican durante el deceso de una persona nahua y conoció los relatos que permitían comprender la parafernalia que se dispone para el Día de Todos Santos.

"Conocí el esfuerzo invertido por los familiares para que el tonalli (alma) del difunto se integre de buena manera al Miktlan (mundo de los muertos) y no afecte a sus familiares o a la demás gente del pueblo", detalló.

Si bien los nahuas de Cuacuila cumplen con las ceremonias funerarias que indica el catolicismo, apuntó el coordinador del libro, también se realizan otros procedimientos rituales, entre vernáculos y católicos por la defunción de una persona.

Uno de los aspectos que más llamó la atención del investigador del INAH fue la presencia constante y abundante de comida en toda esta ritualidad, desde que el cadáver es tendido, en su entierro y los rezos posteriores.

"En los festejos de Todos Santos, colocan en el altar el chikiwitl (cesto), huaraches, prendas de vestir y comida, para que sus muertos partan con ellos de regreso a su morada", añadió.

El libro recoge 16 relatos, donde se explica qué sucede con aquellos que no quieren participar en Todos Santos, cómo es el Miktlan y los animales que ahí se encuentran, y qué se debe llevar al llegar al mundo de los muertos, refirió.

Dentro de dichos relatos se mencionan tres lugares en el Tlalitek ("en el vientre de la tierra"): el Miktlan, el Tlalokan y el Akpateko. Mientras, la morada de los humanos es el Tlaltikpak que quiere decir "encima de la tierra".

De acuerdo con el el etnólogo, de Miktlan retornan los ancestros cada año para asistir a la festividad de "mihkailwitl" y hacia allá se dirigen cuando mueren en el mundo humano, cuando se mudan de Tlaltikpak.

"Es un devenir constante, una interacción entre estos dos mundos que termina por estructurar una relación singular entre los nahuas y sus muertos, entre los humanos y los no-humanos", agregó.

Por último, mencionó que en la ontología nahua no existe una compresión biológica de la muerte, sino que se le considera un proceso más que sigue después de la vida.