El presidente chileno Salvador Allende (1970-1973) celebró su último cumpleaños en una privada reunión que organizó en junio de 1973 el entonces embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, en la residencia mexicana en esta capital.

Testigo directo y privilegiado de ese momento fue el líder del grupo chileno Quilapayún, Eduardo Carrasco, quien recordó en entrevista con Notimex que Martínez Corbalá le tenía de "regalo" una presentación sorpresa de ellos que se extendió por una hora y que terminó con los boleros y tangos preferidos del mandatario.

"Esta reunión íntima no fue el mismo día del cumpleaños (26 de junio), fue un día antes o un día después, porque Allende tuvo una fiesta el mismo día de su cumpleaños en la casa de El Cañaveral (en el sector oriente de Santiago)", recordó.

El músico indicó que "un día me llamo el embajador Martínez Corbalá y me explicó que quería hacerle una regalo al presidente, algo que calificó en esa oportunidad como 'una idea un poco loca'. Me explicó que quería sorprender a Allende con una actuación de nosotros porque sabía que Allende nos quería mucho".

Señaló que el diplomático mexicano les pidió que llegaran un poco antes de los invitados "y nos hizo pasar a una sala que estaba contigua al living (el comedor de la residencia mexicana en Santiago) y que estaban separadas por unas cortinas".

Carrasco añadió que en ese lugar se vistieron con sus tradicionales ponchos negros y esperaron pacientemente la llegada del presidente Allende y de todos los invitados.

"Recuerdo que Allende se sentó en un sillón largo junto al edecán militar. Había políticos con sus señoras, pero era una invitación de gente intima, de amigos, no era una reunión protocolar. Yo creo que habían unas 15 o 20 personas, era algo íntimo y amistoso, fuera de protocolo, porque Allende y Martínez Corbalá eran muy amigos", dijo.

Apuntó que "nosotros podíamos escuchar tras la cortina todo lo que hablaban, cuando de pronto el embajador mexicano nombró al Quilapayún, hizo un comentario de nosotros, y Allende dijo 'a estos muchachos nunca terminaremos de pagarle todo lo que han hecho por la revolución chilena'".

"Entonces, tras ese comentario, el embajador le dijo a Allende 'Salvador, aquí te tengo una sorpresa, un regalo de cumpleaños', y abrió las cortinas tras las cuales estábamos nosotros. Hubo aplausos y ahí comenzamos a cantar", recordó.

El líder de Quilapayún apuntó que "seguramente partimos con 'La plegaria a un labrador' y lo divertido es que, en ese ambiente tan diplomático, de repente comenzaron a pedirnos que cantáramos las canciones contingentes, como 'La batea'. Después derivamos a los tangos y boleros".

"Allende pedía canciones, le encantaban los boleros y los tangos y le cantamos 'La última curda', fue algo muy simpático, muy divertido, una noche muy curiosa para nosotros porque fue la actividad más íntima que tuvimos con el presidente y donde además le cantamos a él", dijo.

Entre los asistentes al íntimo festejo recordó a la hija del mandatario, Beatriz Allende Bussi, y al entonces canciller Orlando Letelier del Solar, además de "dos o tres militares" entre otros amigos del jefe de Estado y del embajador mexicano.

Carrasco indicó que Quilapayún tuvo una gran cercanía con Allende, ya que participaron en la mayoría de sus campañas electorales y luego en actos oficiales de su gobierno e incluso los nombró "embajadores culturales de Chile".

Con emoción en su relato, el músico incluso reveló que le deben la vida al presidente Allende ya que fueron invitados por el mandatario a participar en septiembre de 1973 en la Conferencia de Países No Alineados, la que se realizaría en Argelia y que incluía actividades culturales.

"Nosotros estábamos felices de viajar con el presidente Allende a Argelia y aprovechamos de organizar una gira por Francia. Justo cuando íbamos a partir nos comunicaron que el presidente no viajaría. Era unos días antes del golpe y en su representación viajó el canciller Clodomiro Almeyda", comentó.

Precisó que "el canciller Almeyda viajó con nosotros, llegamos a Argelia, y el 10 de septiembre de 1973, en la noche, el ministro viajó de vuelta a Chile y nosotros seguimos con nuestras actuaciones en Francia. El que Allende nos eligiera para representar a Chile en Argelia fue providencial porque nos salvó la vida".

"Probablemente, si hubiésemos estado en Chile el 11 de septiembre de 1973, habríamos sufrido cosas terribles, como las que sufrió Víctor Jara y tanta gente que fue torturada. Allende nos salvó la vida. La decisión de él fue tan maravillosa que gracias a él estamos vivos", recalcó.

Los integrantes de Quilapayún no pudieron regresar a Chile tras el golpe de Estado, se les prohibió el ingreso a este país, se les quitaron sus pasaportes y debieron vivir un largo exilio en Francia hasta 1988, cuando se les permitió volver a su patria y retomar sus actuaciones en un Chile que dejaron de ver por 15 años.