Inicia en Calanda, España, tradicional jornada de tambores

La localidad aragonesa de Calanda, noreste de España, inició ya, con plenitud, sus actividades de Semana Santa, marcada por el redoble de cientos de tambores que empezaron a sonar anoche y su rugir continuará hasta mañana sábado.

Desde el Domingo de Ramos tuvo lugar la salida del Coro de Despertadores, la procesión de Jesús entrando en Jerusalén, el Viacrucis al Calvario, la concentración de Cofradías en la Plaza de España y las jornadas de confraternización de Cofradías.

A partir de las cero horas de este viernes, pudo verse en todo su esplendor el Viacrucis al Monte Calvario con tambores y bombos y muy temprano, esta mañana, el Viacrucis de mujeres hacia allí.

Son los tambores y bombos los elementos especiales de la Semana Santa de Calanda, y esta festividad, considerada de interés turístico e internacional, comenzó a conocerse gracias a la labor del gran cineasta y escritor Luis Buñuel, quien murió afincado en México.

En las escuelas de tambor y bombo, tanto los niños del colegio como de las propias cofradías, aprenden el manejo de los palillos, la familiaridad con la percusión y la conexión con toda la parafernalia de sus redobles.

Para los habitantes de esta localidad y las circunvecinas, nadie se encuentra extraño con los redobles del tambor y bombo porque las vivencias empiezan desde muy niños.

De generaciones a generaciones, es un rito y un recuerdo para la memoria, la entrega del primer tambor o del primer bombo, de la primera túnica que se viste, del momento en Viernes Santo en que a las 12 horas en punto, cientos de tambores y bombos redoblan al mismo tiempo, en lo que se llama "romper la Hora".

Calanda se convierte así, durante estos días santos, en un atronador apogeo de redobles que evocan ritos antiguos, llegando a su máxima intensidad en la hora que expiró Cristo, cuando según los Evangelios un terremoto hizo temblar Jerusalén.

Aunque hay datos imprecisos para datar el origen de la tradición del tambor y el bombo en esta región aragonesa, en 1643, siendo vicario el calandino José Herrero de Tejada creó bajo sus auspicios una guardia romana a la que dotó de una pequeña banda de tambores.

Esta formación, cuya principal misión fue velar un monumento y desfilar en la procesión del Santo Entierro, se denominó con el nombre de putuntunes y contaba con la figura del tamborilero, que con su lúgubre y monótono redoble, formó la onomatopeya con la que el pueblo siguió sus evoluciones y de ahí el nombre de pu-tun-tun.

En el siglo XVII y XVIII se instalaron las Órdenes mendicantes que anunciaban su llegada al compás del sonido de un tambor.

Estas son las conmemoraciones barrocas con el culto a la muerte, cuando la Iglesia celebra austeras escenificaciones en la calle, como los autos religiosos, los lavatorios y las prácticas del rezo del Viacrucis.

El tambor se convirtió en el reclamo y anunciante de todas estas ceremonias.

El alcalde de Calanda, José Ramón Ibañez Blasco, destacó que la tradición más arraigada y popular de tocar los tambores y bombos en la localidad aragonesa en la que nació Buñuel, los valores fundamentales son el respeto y la unión.