Museo Thyssen presenta obra más esencial de pintor belga Paul Delvaux

Más de medio centenar de obras del belga Paul Delvaux (1897-1994) se exhiben en el Museo Thyssen-Bornemisza, para presentar la obra más esencial del artista neoimpresionista, expresionista y surrealista.

La exposición titulada "Paseo por el amor y la muerte", podrá contemplarse desde mañana y hasta el próximo 7 de junio, en colaboración con el Musée d'ixelles, de Bélgica.

La muestra reúne en un recorrido temático más de medio centenar de obras procedentes de colecciones públicas y privadas de Bélgica, mereciendo una mención especial la de Nicole y Pierre Ghêne, en la que se asienta este proyecto, para el que cedieron 38 piezas.

El director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, señaló que el secreto de Delvaux reside en sus espacios, en sus escenarios, y resaltó que integrara en su obra el espacio del museo y del burdel.

"Es una muestra que pretende mostrar al Delvaux concentrado, al Delvaux esencial, y se exponen más de medio centenar de obras de un artista prolífico que además tuvo una larga vida", dijo.

La comisaria de la muestra, Laura Neve, subrayó que la temática más importante de la obra del pintor belga es el de las mujeres, lo que queda de manifiesto con la "Venus yacente", un motivo recurrente que remite a su amor incondicional por la mujer.

Resaltó que la "Venus yacente" se va a representar en diversas facetas de la obra del belga, y de hecho, Delvaux "estaba obsesionado con todo lo femenino".

Tras haber experimentado con el realismo, el fauvismo y el expresionismo, Delvaux descubre la obra de Magritte y Giorgio de Chirico.

El surrealismo se convierte en la revelación más decisiva para el artista, aunque él mismo no llega nunca a considerarse propiamente un pintor surrealista.

A Delvaux le interesa más la atmósfera poética y misteriosa del movimiento que su lucha iconoclasta, por lo que, a partir de la década de 1930, crea un universo propio y original, libre de las reglas de la lógica universal, y que se sitúa entre el clasicismo y la modernidad, entre el sueño y la realidad.

Sus protagonistas, de la mujer a los trenes, pasando por los esqueletos y la arquitectura, son parte de este universo, seres aislados, ensimismados, casi sonámbulos, que se ubican en escenarios a menudo nocturnos y sin relación aparente; el único vínculo entre ellos son las propias vivencias del artista.

En la exposición se abordan los cinco grandes temas de su iconografía desde el punto de vista del amor y la muerte: la "Venus yacente"; "El doble (parejas, espejos)"; "Arquitecturas"; "Estaciones" y "El armazón de la vida".