Supo Raúl Anguiano hacer de su obra un símbolo de identidad nacional

Como uno de los pintores y grabadores más influyentes en las artes plásticas contemporáneas, que defendió la concepción vasconcelista de que el arte es un derecho y no un privilegio, es recordado el maestro Raúl Anguiano, a 100 años de su nacimiento que se cumplirán el 26 de este mes.

Parte medular del movimiento de Jóvenes Pintores de Jalisco, Anguiano fue además cofundador del Salón de la Plástica Mexicana y de la Escuela Nacional de Pintura y Escultura "La Esmeralda", así como del Taller de la Gráfica Popular y miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios.

Para el historiador, Gregorio Luke, el pintor jalisciense fue uno de los pocos artistas que mantuvo vivos los postulados de la Escuela Mexicana de Pintura y mantuvo hasta su muerte la idea de hacer murales en los que destacan los temas mexicanos y la defensa del dibujo como expresión artística.

De acuerdo con una biografía publicada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Raúl Anguiano nació el 26 de febrero de 1915, en Guadalajara, Jalisco.

Fundó en 1938 el Taller de la Gráfica Popular al lado de Leopoldo Méndez, Alfredo Zalce y Pablo O'Higgins, en una época en la que realizó grabados y litografías con la idea básica de solidaridad con los trabajadores y campesinos. En 1941 se fue a Estados Unidos donde estudió y enseñó pintura.

En 1946, Raúl Anguiano viajó a la Selva Lacandona cuando se descubrió Bonampak, y más que vestigios mayas descubre el perfil indígena contemporáneo, que hasta entonces los artistas mexicanos, como Diego Rivera, habían inmortalizado en grandes murales.

Su obra se enfocó a retratar el paisaje rural e indígena de México, pues pintó sobre sus fiestas, tradiciones y religión, con el rostro de campesinos y peones que habitaban en las afueras de la ciudad, lo que al paso del tiempo convirtió a su pintura en un símbolo de identidad nacional.

De acuerdo con sus biógrafos, en 1949 participó en la fundación del Salón de la Plástica Mexicana, donde ejerció la docencia, al igual que en la Escuela de Pintura y Escultura "La Esmeralda" y en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Su trayectoria como muralista inició con el fresco llamado "La educación socialista", que pintó en los muros de la Escuela Carlos A. Carrillo, de la Ciudad de México.

Esta labor lo colocó entre las filas de la segunda generación de muralistas, junto con González Camarena, Juan O'Gorman y otros.

A partir de 1968 su obra fue reconocida, buscada y atesorada en todo el mundo, con innumerables exposiciones individuales realizadas en México y el extranjero. Fue maestro de artistas plásticos como Vicente Rojo, José Hernández Delgadillo y Fanny Rabel (1922-2008) entre otros.

Para los conocedores de su obra, bajo las influencias de Pablo Picasso (1881-1973) y de José Clemente Orozco (1883-1949), la obra de Anguiano se puede dividir en diferentes etapas: la surrealista, realista, expresionista y cinética, para culminar con el estilo realista, a partir de 1970.

Su obra gráfica la trabajó en distintos talleres como en el Atelier Décima de París, Polígrafa en Barcelona, Taller Libre de Grabado de Mario Reyes, el Taller de Bill Anderson en California.

Entre los reconocimientos que obtuvo a lo largo de su vida productiva destacan: en el 2000, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, y en el 2005, la Cámara de Diputados le otorgó la Medalla al Mérito Cívico Eduardo Neri.

Aunque uno de los más grandes fue cuando el 25 de junio de 2003 fue inaugurado en Guadalajara el Museo Raúl Anguiano, antes Museo de Arte Moderno.

Se creó con la misión de resguardar y exhibir la obra del maestro, así como investigar y difundir los valores estéticos de las artes visuales. Raúl Anguiano cedió en comodato 100 obras de su creación, que forman la colección permanente del museo.

El sitio especializado "artesmexico.org" señala que Raúl Anguiano continuó su trabajo en la pintura hasta el 13 de enero de 2006 cuando murió en la Ciudad de México.

Actualmente, su trabajo muralístico puede apreciarse en la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México, en el Museo Nacional de Antropología e Historia, en la Secretaría de Relaciones Exteriores y en la Procuraduría General de la República, entre otros espacios.

Su quehacer como ilustrador incluye libros como "Expedición a Bonampak. Diario de un viaje" (1959) y "Mawarirra. Un viaje al mundo mágico de los huicholes" (1972).