Culto a serpiente en Mesoamérica iniciaría a partir de cosmogonía maya

La construcción de algunos edificios mayas precolombinos que miran al sur, tendría su justificación en la necesidad de observar a las Pléyades que formaban la constelación de "Tzab", el crótalo de la serpiente de cascabel, cuyo culto en la región mesoamericana habría iniciado a partir de esas edificaciones.

Para el antropólogo e historiador, Indalecio Cardeña Vázquez, este grupo de estrellas era de mucho interés para los mayas, quienes a la larga consideraron a la serpiente de cascabel un dios, aunque en la actualidad esta constelación se desconoce y se le ubica en Tauro.

"Aunque para los griegos las Pléyades eran fácil de ubicar en la constelación de Tauro, para los mayas esta constelación no existía, pues no conocían el toro, al ser un animal traído por los españoles a América. Para los mayas era simple: este conjunto de estrellas tenían la forma del cascabel de una serpiente.

La mayor parte de los edificios mayas, abundó, eran orientados al este o al oeste, en menor número al norte o al sur. "Mis investigaciones arrojan que la razón de la orientación de estos últimos se debe a que desde ellos se observaban las Pléyades o Tzab, tanto en sus apariciones matutinas, como vespertinas".

En entrevista con Notimex, el especialista expuso que tres ejemplos claros de esta teoría se ubican en los edificios norte del Cuadrángulo de la Monjas en Uxmal; en el Palacio de las Columnas del sitio de Aké y en la pirámide de Kinich Kakmo en Izamal, construcciones, cuyas fachadas coincidentemente están orientadas al sur.

En el caso de Uxmal, el cuadrángulo en realidad era utilizado como un gran observatorio astronómico, cuyo edificio principal habría sido el construido en el norte.

Para el caso de Izamal, la disposición de cuatro de sus grandes pirámides forma un cuadrángulo con edificios en cada uno de los puntos cardinales y Kinich Kakmo mirando al sur.

En su caso, Aké, carece de una simetría cuadrangular en la disposición espacial de algunas de sus plazas.

Cardeña Vázquez agregó que cuando se revisa la información es posible ver otras similitudes entre el edificio norte del Cuadrángulo de las Monjas y el Templo de las Columnas de Aké. Son estructuras largas con 11 entradas, la central coincide con la aparición de las Pléyades.

La existencia de 11 entradas, prosiguió, nos da idea que los mayas seguían el movimiento de "Tzab". Cada puerta representa un momento diferente.

También dijo que con el auxilio de un software ha podido establecer que en los días 28 de enero, a las 18:30 horas, las Pléyades se alinean y pueden ser vistas desde la entrada central del edificio norte del Cuadrángulo de las Monjas.

Ese ejercicio lo llevó a comparar diversos años entre el 300 al 500 después de Cristo, entre otras fechas.

"Un dato interesante y muy evidente en el edificio norte del Cuadrángulo en Uxmal es su ornamentación, rica y plagada de mascarones del dios Chaac y figuras de serpientes de cascabel, incluso podemos admirar tallas en piedra en forma de casas mayas sobre las cuales están las serpientes.

"¿Por qué resulta importante esto?", cuestiona; y responde: "Porque el culto de la serpiente emplumada habría iniciado a partir de la observación de la víbora de cascabel en el área maya, como refiere el escritor José Díaz Bolio en diversas publicaciones de la primera década del siglo pasado".

De esta manera, cita de nuevo al escritor yucateco, el culto a la serpiente se habría dado muchos años antes que en el altiplano, esto es, el dios-serpiente habría migrado del área maya a la zona centro y no a la inversa.

"No podemos -dijo-olvidar que la figura de la serpiente de cascabel fue el eje, el elemento cultural alrededor del cual se habría estructurado la civilización maya. Los mayas no veían un toro en el cielo, insistió, sino el crótalo de una serpiente cuyo cuerpo descendía al inframundo".

Cardeña Vázquez estableció que aún existen más elementos que llaman la atención en los sitios mayas de Uxmal, Aké e Izamal (estos dos últimos con una íntima relación por su cercanía), pues en ellos se puede admirar el paso de los equinoccios.

Una constante, añadió, es que los edificios con una declinación de los 11 a los 15 grados al noreste tienen como fin señalar la presencia de los equinoccios de primavera y otoño.

Por el contrario, aquellos con una declinación de entre 20 a 30 grados noreste permiten ver el cambio de estación en el verano, esto es durante los solsticios, como es el caso específico de El Castillo en Chichén Itzá o del Palacio del Gobernador en Uxmal.

Aunque muchos investigadores consideran que los equinoccios eran poco importantes para los mayas, esto no era así, ya que en realidad estos acontecimientos marcaban el único punto en donde el Sol pasa dos veces al año en su recorrido por él horizonte. Es un marcador simétrico del tiempo, finalizó.