Carnaval en San Juan Chamula concluye con solemnidad

Indígenas ataviados con vestimentas de lana elaboradas a mano en colores negro y blanco se aglomeraron en la plaza central, frente al templo de San Juan Bautista, con motivo del cierre del carnaval chamula.

Hombres y mujeres se organizaron para celebrar su propia fiesta. En su carnaval no está permitido tomar fotos, quien lo haga corre riesgo; todos portan con gran orgullo su atuendo de gala.

Los varones llevaron el chujes, mientras que las mujeres portaron hermosos huipiles brocados, bordados y estampados en diversas tonalidades con listones en colores rojo, amarillo y verde, así como yodo elaborado a mano.

Las mujeres cubrieron su cabeza con un mochibal de color negro que asemeja un rebozo que sirve de amarre al frente, en tanto que la falda es un enredo negro de dos lienzos sujetados por una faja, mientras la blusa es de satín azul o blanco bordado en mangas y cuello.

Fueron cuatro días de gran fiesta, algarabía, nadie se quedó en casa, participaron todos, en la cancha, en el domo, bajo la protección, dicen ellos, de San Juan, se sirven el posh, una bebida embriagante base de caña y maíz.

Hubo mucha pasión desbordada en Chamula, en la región Altos de Chiapas, donde los rituales mostraron al mundo la forma única de vivir la purificación corporal, mientras en las calles multitudes vendían blusas, bolsas, rebozos, huipiles, objetos de barro, tamales, elotes y posh.

En el templo lucieron veladoras encendidas, candelas, resalta el olor a incienso, un polvo elaborado de la cáscara del árbol de copal, que al quemarlo en brazas huele rico, mientras la juncia expedía su característico olor a pino.

En el templo se ofreció pozol o refresco embotellado, mismo que no podía faltar; los rituales, las ceremoniales y las órdenes de las autoridades no se transgredieron. Nadie debía fotografiar, para ello había quienes vigilaban, nadie pasó a donde no se le permitía.

El templo de San Juan Bautista lució adornado, de la teja de barro cocido se esparció una densa niebla, bajas temperaturas, mientras que por el arco del templo pasaron todos, en el interior hubo hermandad, la unidad de los indígenas tzotziles.

Estar en Chamula y en su templo es sentir la intensidad de la adoración y los rituales, el incienso, el murmullo de la lengua materna, el ardiente amor a los santos San Juan, San Pedro y San Sebastián, la solemnidad muy propia.