"Mi pincel soy yo": Pierre Alechinsky

El pintor belga surrealista expresionista, Pierre Alechinsky, afirmó hoy en Madrid que en su obra se observa "el lado lúdico" e "irónico" que le caracteriza y que definió en una frase: "mi pincel soy yo".

Al recibir la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, España, el artista, de 87 años de edad, aseguró que el suyo es un trabajo "realizado en silencio", porque "en general la vida de los pintores es solitaria".

Además, de la ceremonia de entrega del reconocimiento, fue inaugurada la exposición "Alechinsky sobre papel" que hasta el 17 de mayo presenta una muestra de las cinco décadas de trabajo (desde 1965 a la fecha), y con algunas de sus obras más importantes.

Entre ellas figuran el gran cuadro "Central Park", de 1965, que inspiró el poema de Octavio Paz del mismo nombre publicado en 1987, ya que ambos se reunieron en varias ocasiones en México.

De esta serie de cuadros, el presidente del Círculo de Bellas Artes (CBA), Juan Miguel Hernández, consideró que a Alechinsky lo consolida como un pintor distinto.

Con su obra "Central Park" se abre una fase de cuadros con un área central que dialogan con anotaciones marginales, indicó.

Hernández, quien entregó la Medalla al artista belga, consideró que se trata de una figura única en el arte, que desde hace muchas décadas supo orientar su gusto por lo oriental y equilibrarlo con lo occidental "en una fusión de conjunto que hace un legado excepcional".

Apuntó que la Medalla se concedió por tratarse de un artista que "rompe en su momentos las reglas establecidas, la poesía y el sentido del humor, y ser un pintor de la modernidad y vanguardia".

La exposición también hace referencia a las colaboraciones que tuvo con Julio Cortázar y con Antonio Saura, así como la evolución de Alechinsky con Wallace Ting y otras influencias.

"He aprendido mucho de mis amigos, y espero ser fuente de inspiración para que artistas jóvenes encuentren su camino, su estilo", manifestó Alechinsky.

Aseguró que en la actualidad se vive en un mundo "saturado de tecnología", y ante ello los pintores "volverán a ver lo que queda, con su papel y lápiz y trabajar con las manos para hacer valer al lenguaje de la pintura".