Gabriel de la Mora transforma desechos en obras de arte

Bajo la premisa de que un desecho puede ser punto de partida, el artista plástico Gabriel de la Mora creó 14 obras que reflexionan sobre la funcionalidad de los objetos, y podrán ser apreciadas hasta el 28 de marzo en la Galería OMR, en la colonia Roma, de la capital mexicana.

La muestra, denominada (f), es la tercera exposición individual de Gabriel de la Mora en esa galería y en esta ocasión se realiza en el marco de las actividades del festival de arte Zona MACO 2015, con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Sobre su obra, de la Mora explicó que está dividida en seis series de objetos cuya primera función ha expirado, los cuales recuperó y transformó, sin que por ello pueda hablarse de reciclaje.

La idea, puntualizó, "es juntar y encontrar objetos que acabaron de cumplir su función y se transforman en desechos. Esa información y ese registro de toda la función que generaron, para mi es el punto de partida para generar ciertas piezas".

En la exhibición, comentó, lo mismo se puede encontrar un cuadro hecho a base de 22 mil 535 fragmentos de cascarón de huevo, así como piezas integradas por suelas de zapatos sobre madera.

En (f), añadió, el espectador también podrá observar obras realizadas con mantillas de caucho, los laterales de las cajas de cerillos, placas de imprenta, así como portaobjetos y cubreobjetos para microscopio, alineados meticulosamente.

La creación va más allá del reciclaje, porque en (f) los objetos se transforman en algo más y la palabra que une a las 14 piezas es función (f).

Las piezas han sido creadas a partir del 2013 y aunque hay algunas que le han tomado a de la Mora seis meses o un año, hay otras que han ocupado más tiempo, como un gran mural que, titulado "B 33izq/33der", está hecho con telas removidas de bocinas de radios.

En este caso, dijo, el tiempo es un factor importante porque hay piezas que se ha tardado mucho en encontrarlas, como por ejemplo las bocinas de radios y de estéreos que tomaron entre 60 u 80 años en marcarse con el polvo que entra y sale y se traducen como una pieza que el sonido puede generar.