Sin odio a los alemanes: Tadeusz Smreczynski

"Amo a los seres humanos". Esa frase, que no encierra ningún enigma, se transforma cuando la pronuncia un sobreviviente del peor campo de concentración nazi, Auschwitz.

Tadeusz Smreczynski tiene 91 años, es polaco y Notimex lo entrevistó en la población polaca de Oswiecim.

El lugar donde se llevó a cabo la conferencia de prensa también es excepcional. Oswiecim es el nombre polaco de Auschwitz. El médico, nacido en 1924, no sólo estuvo en ese campo de exterminio, sino que después de la Segunda Guerra Mundial se estableció en la ciudad polaca.

Poco antes del encuentro con la Asociación de la Prensa Extranjera de Alemania (VAP), el alcalde de Oswiecim, Januz Chwierut, había repetido una y otra vez que esa ciudad es como cualquier otra, que la gente trabaja, estudia, se cultiva y se divierte.

Pero Oswiecim está marcada en forma irremediable porque está junto al campo de concentración de Auschwitz, prototipo de la deshumanización y el genocidio. Tiene escasos 40 mil habitantes y se esfuerza por ser vista como una ciudad normal, a la que acudan vacacionistas y familias para divertirse y asistir a eventos culturales.

Sólo que quien duerme aquí, duerme junto a una pesadilla real.

"Soy de Zator e hice mi bachillerato en Oswiecim. Después de la guerra regresé aquí para estudiar medicina", explicó. "Cuando pasaba en mi coche frente al excampo de concentración, tenía la esperanza de que un día lo olvidara todo", dijo.

Contó que ya siendo médico, pidió a un colega que le cortara la piel, para extirpar el número de prisionero que le tatuaron los nazis. "Veinte años después de la guerra, en un momento difícil", se decidió. "Él lo hizo, pero en mi cabeza nada cambió".

Desde hace años sostiene en Oswiecim encuentros con muchachos alemanes, ya van más de mil. "Mi experiencia me dice que no hay un pueblo que sea bueno o malo, sino que en todos lados, el ser humano puede ser maligno o capaz de actos nobles".

"Cuando me reúno con rusos o ingleses me digo que los alemanes son iguales, que la nacionalidad es secundaria. Lo que importa es cómo sea la persona", señala.

Cuando al término de la guerra esperaba a que lo curaran una herida menor, pensaba que la vida no tenía sentido.

Entonces se puso a mirar a los médicos que atendían a la gente y se dijo: "mi vida sólo puede tener sentido si puedo hacer algo bueno para los demás. Eso me dije, y cuando reflexiono considero que por eso me hice médico".

Smreczynski fue apresado por los nazis en 1943, cuando tenía 19 años, durante la guerra, e internado en la prisión de Myslowice. En mayo de 1944 lo trasladaron a Auschwitz, y dos meses después al campo de concentración de Mauthausem.

La Segunda Guerra terminó en la primavera de 1945. El exprisionero estudió la carrera de Medicina en Cracovia, a una hora en carretera de Oswiecim.

Expresó que su supervivencia se debe a la buena suerte que tuvo en los diferentes momentos de su estancia en campos de concentración. Cuando lo detuvieron tenía buen estado físico y psicológico, y antes de la guerra había aprendido alemán en el bachillerato.

Hombres jóvenes y fuertes como Smreczynski tenían valor económico para los nazis. No ejecutaban a los hombres con buena constitución física, para utilizar su fuerza y energía en las fábricas industriales y militares o en los campos de trabajos forzados.

Todo eso le valió para escapar una y otra vez de la muerte a manos de los nazis. "Yo era abierto a las personas, y las personas también lo eran conmigo", señaló. Agregó: "no odio a nadie".

En sus conferencias pone de relieve una y otra vez que los jóvenes deben impedir que de nuevo se alcen hombres para humillar a otros, para torturarlos y asesinarlos. Ese es su mensaje.