"Añil", azul de México y ejemplo de sabiduría indígena en el Vaticano

Octaviano Pérez es un indígena mexicano ya entrado en años, que desde los 12 aprendió el centenario proceso para fabricar el "Añil", un colorante azul de tono intenso. Su sabiduría llegó hoy hasta el Vaticano y fue puesta como ejemplo ante especialistas de diversos países.

Pérez es uno de los protagonistas de "Azul añil", un video realizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que fue proyectado durante la conferencia "Compartiendo conservación III" organizada por los Museos Vaticanos.

El filme, rodado en otoño de 2013, muestra la producción artesanal del pigmento -también llamado índigo- según la técnica tradicional de las comunidades del estado mexicano de Oaxaca.

"Cuando ven lo que hacemos me preguntan, ¿cómo lo aprendiste? Pero yo no fui a ninguna escuela. Uno que trabaja en el campo debe ir conociendo las semillas y las plantas. Aquí todo es natural, sin ninguna química", dice orgulloso Octaviano.

El método documentado en el video responde a una tradición que tiene orígenes prehispánicos y que ha sido registrada en las crónicas de la época colonial.

La planta (la indigófera sufruticosa) después de ser recogida, se deja por algunos días bajo el agua. El líquido denso que deriva es filtrado y dejado reposar por un tiempo ya que, una vez seco, se convierte en un compuesto listo para ser usado como colorante.

El pigmento que resulta del procedimiento es totalmente natural y es utilizado actualmente en la decoración de telas, aunque en tiempo prehispánico se usaba para múltiples objetos y era la base del famoso pigmento "azul maya".

Los especialistas participantes en la conferencia aplaudieron con entusiasmo la presentación, que fue introducida por Lilia Rivero Weber, titular de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH.

En entrevista con Notimex, la funcionaria destacó que en los últimos años los restauradores de diversos países están retomando el uso de los materiales naturales y sin químicos para recuperar las obras de arte antiguas.

Esto, explicó, por cuidar el medio ambiente evitando su contaminación y para proteger a las personas que usan químicos de situaciones adversas para su salud.

"Se busca regresar a los materiales naturales porque finalmente se ha demostrado que pueden pasar siglos y siguen ahí, sin mucho deterioro. Se había pensado que los productos químicos iban a ser la panacea, pero en 30 o 40 años se degradan por completo y junto a los bienes culturales", explicó.

"El regreso a usar elementos naturales busca que la conservación patrimonial se realice con los mismos materiales con los cuales fue construido el propio bien cultural", añadió.

Asimismo, abundó que en México se realiza "mucha investigación" sobre las propiedades de materiales como la baba de nopal o la goma de orquídea, los cuales podrían ser utilizados incluso por restauradores de otros países.

"Para nosotros es importante cooperar para tener un mundo más limpio, aportar para que en los procesos de conservación se usen productos más limpios, menos agresivos al hombre y considerar que tienen mucha mayor duración los elementos originales, por eso tenemos todavía esas obras grandiosas", apuntó.