Octavio Paz no conoció la realidad japonesa: Aurelio Asiain

El escritor mexicano Octavio Paz (1914-1998) nunca se ocupó de Japón, no viajó fuera de Tokio más que a Karuizawa, un pueblo afrancesado, nunca habló japonés, leyó a autores nipones pero en inglés, y nunca conoció la realidad japonesa, aseguró anoche el escritor Aurelio Asiain.

Durante la presentación del libro "Japón en Octavio Paz", en el Centro Cultural Bella Época, de esta capital, el autor mostró una nueva perspectiva del amplio mapa cultural del Nobel de Literatura mexicano, al tiempo que refirió que la literatura japonesa ocupó un lugar privilegiado en la atención de Paz.

Acompañado de Toru Shimizu, ministro de la Embajada de Japón en México, Asiain reiteró que Octavio Paz "no se ocupó de Japón mayormente" cuando estuvo como diplomático en esa nación asiática.

Indicó que tradujo más a autores japoneses que ingleses o italianos y en su carrera como autor el único libro completo que tradujo fue "Sendas de Oku", en colaboración con Eikichi Hayashiya.

Asiain aseguró que la estancia de Paz en el también llamado país del Sol Naciente fue muy breve como diplomático encargado de abrir la embajada mexicana y el contacto con sus letras, fue tardío y limitado.

Sin embargo, comentó que el encuentro con Japón fue importante, toda vez que gracias al contacto con la literatura nipona, la obra poética de Paz alcanzó su definición.

Destacó que en el mundo que rodeó al poeta mexicano, germinaron infinidad de culturas como la hindú y la francesa, sin embargo, fue la japonesa la que dejó un sello indeleble en su mente y corazón.

Dijo que a través de las letras, tradiciones y belleza estética oriental, Paz se vio envuelto en una áurea poética que lo llevó a incursionar en su propio quehacer literario las formas de la lírica de ese país oriental.

Mencionó que todo ese universo, su pasión y mirada artística sobre el país oriental, es lo que recupera en el texto editado por el Fondo de Cultura Económica en la colección Vida y Pensamiento de México.

También tienen cabida en ese volumen los procesos creativos que realizó el Nobel sobre esa cultura, traducciones de poetas nipones, como es el caso de Matsuo Basho, los intercambios epistolares que sostuvo desde ese país con sus amigos Alfonso Reyes y Pere Gimferrer y testimonios de intelectuales que lo conocieron como Donald Keene o Makoto Ooka, quienes estudiaron el trabajo de traducción que hizo Paz.

Aurelio Asiain, quien ha vivido más de diez años en Japón, refiere que la pasión de Paz por la poesía china y japonesa surge antes del primer viaje del autor a Oriente.

Afirmó que comenzó a fines de 1945, en Nueva York, cuando por su estancia en esa ciudad coincidió con la muerte de José Juan Tablada, quien desde hacía años vivía ahí y quien fue el pionero en explorar la poética oriental por medio de los famosos haikús.

Reiteró que a su regreso a México, Paz tradujo, con la ayuda de Eikichi Hayashiya, Haibum de Basho: Oku no Homosichi (Sendas de Oku), primera traducción de ese clásico japonés a una lengua de Occidente, el castellano.

"En este libro de Basho", escribió Paz, "no pasa nada, salvo el sol, la lluvia, las nubes, unas cortesanas, una niña y otros peregrinos. No pasa nada, excepto la vida y la muerte".

Fue así como se dio un contacto decisivo entre Paz y el poeta japonés que marcaría, junto con toda su tradición literaria, el rumbo de la propia obra del Premio Nobel de Literatura 1990.