Arthur da Costa e Silva: escribía crucigramas y torturaba opositores

"La plenitud democrática ha sido alcanzada, resta consolidarla", dijo el mariscal Arthur da Costa e Silva seis meses después de relevar en la Presidencia de Brasil a Humberto de Alencar Castello Branco, cuya gestión duró de abril de 1964 a marzo de 1967.

Demasiado teórico para los efectos prácticos que buscaban los ejecutores del golpe de Estado de 1964, Castello no convenció en su gestión a la facción ultraderechista de las Fuerzas Armadas, empeñada en inventar un modelo político y económico que debía corresponder a la grandeza de un país como Brasil.

Los estudios formales de Costa e Silva corrieron casi en paralelo con los de su antecesor, no obstante ser tres años menor -nació el 3 de octubre de 1902 en Taquarí, estado de Rio Grande do Sul, hijo de un matrimonio de migrantes portugueses-, con una formación académica irregular y mediocre.

Formó parte del movimiento "tenentista" que se rebeló contra el gobierno de Artur Bernardes en 1922, cuando fue hecho prisionero y amnistiado, para ser partícipe, en 1932, de la llamada Revolución Constitucionalista de Sao Paulo.

Ya involucrado en política, fue agregado militar de la embajada de Brasil en Argentina entre 1950 y 1952, desde donde pudo ver el ascenso al poder, la gloria y el apogeo de Juan Domingo y Eva Perón.

Escalando puestos y promocionándose con habilidad más que con inteligencia, Costa e Silva fue promovido a general de División hasta 1961, año de efervescencia extraordinaria debido a los desfiguros de Janio Quadros en su efímera presidencia, entre enero y agosto de ese año.

En 1962 lideró el comando del IV Ejército, en Recife, al nordeste de la nación y, al lado de Castello Branco, fue uno de los principales promotores, organizadores y ejecutores del golpe de Estado militar del 1 de abril de 1964.

Depuesto Joao Goulart, intrigó lo suficiente para ser incorporado a una junta bautizada como Comando Supremo de la Revolución, formada por el brigadier José Correia de Melo y el almirante Augusto Rademaker Grunewald, mientras Paschoal Ranieri Mazzilli se desempeñaba como mandatario interino durante una semana.

Con Castello Branco ungido presidente de Brasil por sus pares, Costa e Silva fue nombrado ministro de Guerra durante la primera fase del golpismo armado.

Con las elecciones indirectas autorizadas por decreto presidencial, se apartó del gabinete en 1966, para ser el candidato de la Alianza Renovadora Nacional (Arena), cuyos dirigentes reales, todos altos oficiales de las Fuerzas Armadas, lo hicieron ganar los comicios del 3 de octubre.

La totalidad de la bancada compuesta por políticos del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) se abstuvo, en un gesto que deslegitimaba a Costa e Silva, quien de todos modos tomó posesión de la presidencia el 15 de marzo de 1967.

Su periodo de gobierno estuvo marcado por una fuerte agitación política, con importantes movimientos de oposición, con el surgimiento del Frente Amplio, liderado por el ultraderechista Carlos Lacerda.

Por su parte, los ex mandatarios Juscelino Kubitschek y Joao Goulart lanzaron propuestas de redemocratización, de amnistía, de elecciones directas para la presidencia y para la integración de una nueva Asamblea Constituyente.

A ello se sumaron las protestas que caracterizaron a 1968, no solamente en Brasil, sino en el mundo, intensificándose las manifestaciones estudiantiles que expresaban su oposición a la represión indiscriminada a todo intento de reclamo social; pero a favor de las libertades ciudadanas.

Al contrario de lo esperado y como respuesta a las críticas, detonadas por un discurso pronunciado en el Congreso por el diputado Márcio Moreira Alves, Arthur da Costa e Silva decretó el Acto Institucional número 5, que le confería poderes para cerrar el Parlamento, suspender derechos políticos y designar personalmente a gobernadores y alcaldes.

Fue un golpe dentro del golpe, en tanto la economía revelaba un modesto crecimiento industrial con acceso al crédito, y una política salarial lesiva a los trabajadores, dentro de un proceso inflacionario contenido gracias a las medidas monetaristas aplicadas por Antonio Delfín Neto, el ministro de Hacienda consentido de los militares.

La represión atemorizaba y estremecía al país, mientras el "Portugués" (como le decían a Costa e Silva sus compañeros de generación en 1920), se entretenía llenando crucigramas y promulgando decretos-leyes para garantizar la seguridad nacional y la continuidad de la Revolución de 1964.

El dictador encargó a su vicepresidente, el civil Pedro Aleixo, formular un proyecto de Constitución absolutista que provocaría el cierre definitivo de las puertas hacia la recuperación democrática de Brasil.

En agosto de 1969, Costa e Silva sufrió una trombosis cerebral y fue apartado del cargo, siendo substituido por una junta militar que desplazó a Aleixo, adoptando más medidas represivas como el fin de la inmunidad parlamentaria, la prisión perpetua y la creación de escuadrones de la muerte, entre otros el Comando Caza Comunistas (CCC) de Sergio Paranhos Fleury.

El mariscal Costa e Silva murió el 17 de diciembre siguiente en Río de Janeiro, heredando a su sucesor, Emilio Garrastazu Médici, una crisis estructural que trató de remediarse de la peor forma imaginada: con más violencia de Estado y un milagro económico que, a largo plazo, sólo fue una ilusión perdida.