Se cumplen 20 años de la muerte del filósofo Karl Popper

"La sociedad abierta y sus enemigos" es quizá la obra más importante del filósofo de origen judío Karl Popper, quien ganara fama por su teoría del método científico, su crítica del determinismo histórico, así como por su defensa de la sociedad democrática.

A 20 años de su deceso, que se cumplen mañana, se recuerda a este hombre que perteneció a una admirable élite de creadores que floreció en la capital del Imperio austrohúngaro entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Popper nació en Viena, Austria, el 28 de julio de 1902, en el seno de una familia judía. Su padre era abogado, pero se interesó por los clásicos de la filosofía y le inculcó a Karl el interés por las cuestiones sociales y políticas, que a partir de ese momento nunca más olvidó.

Su madre, que gustaba de la música, trató de encaminarlo hacia este arte y Popper, quien acabó siendo naturalizado británico, contempló en algún momento tomarla como una carrera seria.

No lo hizo pero la música se convirtió en una de las fuerzas de inspiración en el desarrollo de su pensamiento y se manifestó en la relación que creó entre el pensamiento dogmático y crítico, en la distinción entre objetividad y subjetividad y, lo más importante, el crecimiento de su hostilidad hacia cualquier forma de historicismo.

Cuentan sus biógrafos que estudió matemáticas, filosofía, psicología y se doctoró en la universidad de su ciudad natal en 1928 y aunque no fue considerado miembro de la llamada Escuela de Viena, simpatizó con su actitud científica, y en ocasiones, también criticó algunos de sus postulados.

La Universidad de Stanford recuerda que Popper se interesó por la pedagogía política y se implicó en el movimiento socialista; por breve tiempo militó en el partido comunista; aunque luego abandonó sus filas, tras un enfrentamiento del partido en contra de la policía, donde murieron ocho personas.

Ejerció la docencia de 1937 hasta 1945 en la Universidad de Canterbury, y años más tarde en la Universidad de Londres. Luego vivió exiliado durante un tiempo tras el ascenso del nacionalismo al poder.

Tomó como segundo hogar Nueva Zelanda, donde impartió cátedra en la comunidad de Christchurch.

Una de sus mayores contribuciones a la filosofía de la ciencia fue la caracterización que hizo del método científico. En su obra titulada "Lógica de la investigación científica", de 1934, donde asentó su crítica en torno a la idea de la prevalencia de que la ciencia, es en esencia, inductiva.

Popper propuso un nuevo término de comprobación que denominó falsibilidad, con el cual se determinara la validez científica, y subrayó el carácter hipotético- deductivo de la ciencia.

Por otra parte, en su texto "La sociedad abierta y sus enemigos", el filósofo defendió la democracia y mostró su inconformidad con las implicaciones autoritarias de las teorías políticas propuestas por Platón y Carlos Marx.

Puso de manifiesto su crítica acerca de las leyes descubridoras del desarrollo de la historia que hacen, a su parecer, inevitable su curso futuro y por tanto, la vuelve predecible.

"La miseria del historicismo" (1961), "Conjeturas y Refutaciones: el Crecimiento del Conocimiento Científico" (1963), "Conocimiento Objetivo: una Perspectiva Evolucionaria" (1972) y "El Yo y su Cerebro: una discusión a favor del interaccionismo", junto al escritor John C. Eccles (1977), son algunos de los títulos que conforman la obra de Popper, que falleció el 17 de septiembre de 1994.

Dejó un legado en el pensamiento filosófico del siglo XX, a través de sus textos y propuestas que generaron impacto en ramas, como la epistemología, sociología y filosofía.

Hace un par de años, Mario Vargas Llosa escribió para "El País": "El joven Popper", un artículo en el que da luz sobre algunos aspectos de la juventud del científico social y destaca lo liberal de sus postulados.

"El liberalismo de Karl Popper es profundamente progresista porque está imbuido de una voluntad de justicia que a veces se halla ausente en quienes cifran el destino de la libertad sólo en la existencia de mercados libres, olvidando que éstos, por sí solos, terminan, según la metáfora de Isaiah Berlin, permitiendo que los lobos se coman a todos los corderos".

Para el escritor peruano español, "la libertad económica que Popper defendió, debía complementarse, a través de una educación pública de alto nivel y diversas iniciativas de orden social, como una vida cultural intensa y accesible al mayor número, a fin de crear una igualdad de oportunidades que impida, en cada generación, la creación de privilegios heredados".