Sindicatos opositores definen nuevas protestas en Argentina

Los sindicatos opositores de Argentina definirán mañana las medidas de fuerza que tomarán para protestar en contra de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner luego del débil paro que realizaron la semana pasada.

El dirigente de la Confederación General del Trabajo (CGT) opositora, Hugo Moyano, encabezará el encuentro en el que participará su principal aliado, Luis Barrionuevo, y otros líderes antikirchneristas.

Fuentes de la CGT confirmaron a Notimex que Barrionuevo quiere impulsar una huelga de dos días, pese a que el paro convocado el jueves pasado no tuvo la adhesión ni el impacto deseados.

Aunque Moyano calificó la movilización como "un éxito" y afirmó que había tenido una participación "del 80 por ciento de los trabajadores", fue evidente que las actividades no se paralizaron y que el sindicalismo estaba completamente dividido.

La prueba fue que sólo pararon los gremios de camioneros, que conduce Moyano, así como los sindicatos de trenes, gasolinerías, peajes, puertos, bancos, judiciales, de recolección de basura y correo.

Por el contrario, no se adhirieron a la medida de fuerza colectivos urbanos, taxis ni comercios, y lo hicieron sólo parcialmente escuelas, el metro, supermercados, aeropuertos y hospitales.

Más allá de que hay un amplio sector de la población que está inconforme con el gobierno, también hay una corriente de dirigentes gremiales que entiende que, con la incertidumbre económica a cuestas, es más difícil convocar a paros generales.

Por eso, algunos de ellos se opondrán mañana a que se lleve a cabo una nueva huelga y, en su lugar, propondrán una jornada de protestas para la segunda quincena de septiembre con un acto central y masivo en la Plaza de Mayo.

Si la CGT opositora realizara otra huelga con escasa adhesión, perderá capital y peso político con miras a las elecciones generales del próximo año en las que Moyano y su gente aspiran a ser un factor estratégico para el triunfo de los rivales kirchneristas.

De hecho, las movilizaciones tienen más un trasfondo electoralista que sindical, porque las demandas como la eliminación de un impuesto que afecta a un mínimo de trabajadores o la reapertura de negociaciones salariales carecen de un sustento real.