En "El descenso del monte Morgan", de Arthur Miller, Lyman Felt despierta postrado y extrañado sobre una cama de hospital tras un aparatoso accidente de coche que ha estado a punto de costarle la vida, cuando descendía el monte Morgan en su flamante y carísimo auto deportivo.

Felt, hombre resuelto y jovial, encarnación del triunfador, parece tenerlo todo: Una envidiable seguridad en sí mismo, una próspera compañía de seguros, unos hijos encantadores que le adoran y dos esposas. Y ambas acuden, sin conocer la existencia de la otra, junto al lecho del herido. Ahí inicia el nudo.

Si el golpe que reciben tanto la tradicional Theodora como la independiente Leah al descubrir el engaño resulta difícil de tragar, todavía es más dolorosa la retahíla de explicaciones con la que Lyman intenta justificar su bigamia, que sólo reaviva rencores y suscita amenazas. Un drama entre el amor y la culpa.

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"Liquidación final", de Petros Márkaris documenta que mientras los griegos ricos se las ingenian para no pagar impuestos, los pobres se indignan ante el fraude fiscal y sufren ante el empeoramiento de la situación. Sin embargo, un hombre ha decidido pasar ya a la acción y tomarse la justicia por su mano.

Con cartas de amenaza y armas anticuadas, se dispone a ajustar cuentas. Pero mientras tanto, en la Atenas al borde de la quiebra, todo está patas para arriba, excepto el Departamento de Homicidios. No hay crímenes, sólo está la rutina y burocracia que ahí como en cualquier otro país, resulta más que asfixiante.

Cuando encuentran el cadáver de la primera víctima que se cobra ese peculiar justiciero, el comisario Kostas Jaritos casi siente alivio. Su jefe le ha hablado de un posible ascenso, pero de momento le han recortado el sueldo, y para colmo, el tiene que atrapar a un asesino que realiza una obra "providencial".

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"La fragilidad de los cuerpos", de Sergio Olguín, es una novela donde un conductor de trenes se suicida dejando una carta en la que pide perdón por su responsabilidad en la muerte de cuatro personas. Las ambiguas referencias a un niño entre las víctimas llaman la atención de la señora Verónica Rosenthal.

Implacable redactora de la revista "Nuestro Tiempo", defensora de la verdad y la justicia, fumadora empedernida y con debilidad por las bebidas alcohólicas y los hombres casados, Verónica jura no detener su investigación ante nada.

Y mucho menos, ante los criminales y los políticos corruptos, pero descubrirá una trama siniestra y enfrentará al lado oscuro de sus deseos junto a Lucio, un maquinista de tren dispuesto a seguirla en un juego de bruscos resultados. Es una novela de amor desenfrenado con un universo de personajes inolvidables.

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"Siete manifiestos Dada", fábula de Tristan Tzara. Zurich, 1916. En plena guerra mundial, las oscuras callejuelas y ruidosos tugurios de esta ciudad suiza acogen a una nutrida flota de refugiados políticos, agentes secretos, jóvenes objetores renuentes a marchar al frente, artistas, literatos y poetas exiliados.

Entre todos ellos, un grupo de amigos encabezado por el rumano Tristan Tzara da a conocer el movimiento Dada en una serie de manifiestos. Se reúnen en el mítico cabaret Voltaire, en el número 1 de la Spielgasse, frente al domicilio de Lenin y Krupskaia. Por la tarde, algunos de ellos juegan afanosamente ajedrez.

Tal vez ningún otro movimiento espiritual haya pretendido renovar el arte y la literatura desde unos presupuestos tan radicales y subversivos como los que alientan en cada uno de estos siete manifiestos, los cuales han sido vistos con buenos ojos por pensadores, filósofos, políticos y lectores serios en el mundo.

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"Hegel", de Jacques D'Hondt, es otra fábula que describe que cuando Georg Wilhelm Friedrich Hegel fue enterrado en Berlín el 16 de octubre de 1831, la muchedumbre que se agolpó en el cortejo fúnebre y toda Prusia es consciente de que acaba de perder a uno de sus más importantes y grandes hombres.

No por casualidad comienza este libro con las exequias del filósofo, pues importa saber a quién se honraba en ellas realmente: ¿Al filósofo de la Restauración autoritaria del Estado burocrático y represor, o al pensador que desenmascaró el carácter dialéctico y revolucionario del proceso histórico?

En su juventud, Hegel se entusiasmó con los acontecimientos de la Revolución francesa al tiempo que comenzaba a gestar los avatares de un sistema filosófico que Ortega y Gasset calificaría como la "madurez intelectual de Europa". Esto es mucho más que la biografía del celebérrimo filósofo alemán.