Con nostalgia se despide de México violinista japonesa Yuriko Kuronuma

Brillante, nostálgico, emotivo y conmovedor fue el último concierto en México de la violinista japonesa Yuriko Kuronuma, celebrado hoy en la Hacienda de Cortés, en la llamada ciudad de la "eterna primavera".

En la Sala de Conciertos "Eduardo Mata" de este recinto que perteneció a los descendientes del conquistador español Hernán Cortés, desde el siglo XVI al XX, la solista, quien se ha presentado en escenarios como la Musikvereinsaal de Viena o el Carnegie Hall de Nueva York, se despidió con música del periodo barroco, siglo XIX, y contemporánea.

Al pie del gran mural "Hombres nuevos hacia al Futuro", de José Hernández Delgadillo, Kuronuma, quien en 1986 recibió la condecoración "El Águila Azteca", máximo galardón para extranjeros que otorga el gobierno de México, encantó a los presentes con un par de sonatas para violín y solos para piano.

La artista, quien desde hace 50 años promueve y fomenta los lazos de amistad entre su país y México, como docente y ejecutante, dijo adiós a los escenarios, acompañada por el pianista Rafael Guerra.

El repertorio estuvo integrado por obras de los compositores Georg Friedrich Händel, César Franck, Jean-Philippe Rameau, Franz Liszt, Yasuji Kiyose y Bedrich Smetana.

No obstante, el compromiso de la también directora y fundadora de la academia que lleva su nombre, es continuar con su labor de acercar a las culturas de México y Japón, a través de la música.

Con la presencia de algunos de sus amigos, integrantes de la comunidad de Japón en México, público en general, así como de Reiko Megata, esposa del Embajador de Japón en México, Shuichiro Megata, Kuronuma informó que irá a vivir a Onjuku, Japón.

Se trata de un poblado en el que se suscitó un episodio simbólico entre México y Japón el 30 de septiembre de 1609, cuando naufragó el Galeón San Francisco, en la costa del pueblo, donde se salvaron a 317 mexicanos, siendo este el primer contacto entre ambas culturas.

Con más de 20 discos y CDs grabados tanto en Japón, Europa como en México, la violinista expresó que se lleva el amor de los mexicanos por la música y su indiscutible entusiasmo por escuchar en vivo las composiciones, a diferencia de tantos melómanos que se satisfacen a través de discos o páginas de Internet.

Ataviada con un vestido en color negro, largo, y con pequeños brillantes que corren del cuello hacia abajo, la artista japonesa interpretó con un sabor a dolor, a ausencia, a nostalgia, a tristeza, a cuando alguien pierde a un ser querido.

Luego de recibirla con una fuerte y caluroso aplauso, la violinista inició su presentación con "Sonata No. 4 en Re mayor", de Händel, una obra integrada por cuatro movimientos musicales joviales.

Enseguida, "Sonata en La mayor", de Cesar Franck; también de cuatro movimientos, atrapó las miradas de un público que disfrutó no sólo del estilo único de la solista, sino de esta obra que se caracteriza por ser una de las joyas dentro de la música de cámara.

El recital continuó a cargo de Rafael Guerra, quien ejecutó de manera magistral las piezas "Gavota con variaciones", de Rameau, y la "Obertura de Guillermo Tell", de Liszt, dos obras que gozan de gran sonoridad; teniendo como espectadora a la propia Kuronuma, quien desde la primera fila tomó breve descanso para después continuar.

El concierto concluyó con dos sonatas más: "Lento", del japonés "Yasujil Kiyose" y "De la tierra natal", de Bedrich Smetana, pionero en el desarrollo de un estilo musical que quedó íntimamente ligado al nacionalismo checo.

Instantes después, los aplausos y los contantes ¡bravos! se apoderaron del foro para despedir así a esta artista, quien desde su llegada México en 1962, ha fomentado y estrechado los vínculos culturales y de amistad entre ambos países.