Los países de la Unión Europea miembros del espacio Schengen de libre circulación podrán cerrar sus fronteras e introducir controles fronterizos propios por hasta dos años cuando se enfrenten a un grave riesgo para su seguridad.

La decisión fue tomada la noche del miércoles por los gobiernos nacionales y el Parlamento Europeo (PE) después de horas de negociaciones para reformar las normas de funcionamiento de Schengen.

Ello con el objetivo principal de contener eventuales flujos masivos de inmigrantes, como el experimentado a principios de 2011 en la isla italiana de Lampedusa.

La reintroducción de los pasos fronterizos deberá ser accionada como "último recurso" y exigirá el visto bueno de los 27 Estados miembros, con excepción para los casos considerados urgentes, como un ataque terrorista.

En esas circunstancias, el país que sufre la amenaza podrá reintroducir los controles inmediatamente por un periodo de 10 días prorrogables hasta los dos meses.

La comisaria europea de Interior, Cecilia Malmstrom, celebró el acuerdo y señaló que los cambios "ayudarán a vigilar de forma más eficiente el funcionamiento de Schengen y a actuar antes y mejor ante cualquier emergencia".

"Se allana así el camino para una gobernanza de Schengen sólida y basada en reglas transparentes y claras", dijo en un comunicado.

Antes de entrar en vigor las nuevas normas deben ser ratificadas por los ministros europeos de Interior la próxima semana y por el pleno de la Eurocámara en la sesión de junio o de julio.

El espacio Schengen de libre circulación de bienes y personas comprende 22 países de la UE -excepto Reino Unido, Irlanda, Chipre, Bulgaria y Rumania-, además de Islandia, Noruega, Liechnstein y Suiza.