Desilusiona a mexicanos de Miami la caída del "Tri" en Brasil

Lo que comenzó como una fiesta en bares y restaurantes de Miami para la comunidad mexicana residente de esta ciudad, se tornó en forma súbita en un estado de "shock" en el que no podían creer que su equipo hubiera caído 1-2 ante Holanda en los últimos minutos.

"Todavía estoy en shock, no puedo creer que hayamos perdido el juego en los últimos minutos, cuando todo mundo pensaba que ganaríamos", dijo a Notimex Orlando Ramírez, de 39 años, quien nació en Nuevo León y vive desde hace tres años en Miami.

"Jugamos como nunca y perdimos como siempre", añadió Ramírez, quien vestía la camiseta de la selección mexicana, al igual que su dos hijos y su esposa, en una mesa junto a un grupo de mexicanos que se dio cita en "La Mexicana Cantina and Grill", de Brickell.

Al igual que Ramírez, la comunidad mexicana de Miami acudió el domingo en gran número a bares y resturantes de esta ciudad para presenciar el partido.

En lugares como "Novecento", "El Mexicano", "Mi Rinconito" y "Fritz & Franz BierHaus" era notable la presencia de las camisetas verdes del "Tri".

"No puedo creer que ya estamos eliminados", dijo Diana Amaro, una estadounidense de padres mexicanos nacida en San Antonio, Texas, y que vive en esta ciudad desde hace 17 años.

"Estoy muy triste, pensé que México ganaría... estoy desilusionada", señaló la joven de 30 años mientras se retiraba del "Bierhaus", donde, por el contrario, los holandeses apenas comenzaban a celebrar ruidosamente el triunfo.

Los gritos de "¡México, México, México!" que se habían escuchado desde el principio en el local, callaron súbitamente y todo se transformó en una fiesta de camisetas naranjas, en donde se escuchaban las notas de música holandesa que los aficionados bailaban.

"Nunca perdimos la esperanza de que íbamos a ganar al final", dijo Petra Rhutslberg, quien junto con algunas amigas bebía cerveza y brincaba bajo una carpa habilitada a las afueras del "Bierhaus" para ver los juegos.

Mientras los aficicionados mexicanos se retiraban calladamente y otros, como Alberto García, del DF, decidieron quedarse para "pedir un tequila y olvidar", los holandeses iniciaban apenas la celebración con música tradicional.