A través de cristales disfrutan y sufren juego de selección

Más de 50 amigos están reunidos al interior de un restaurante, ven la transmisión televisiva del partido de la selección mexicana contra el actual subcampeón mundial, Holanda, por los octavos de final de la Copa del Mundo Brasil 2014.

Viven, gozan y también sufren con los incidentes del partido que se efectúa a miles de kilómetros de este rincón de la capital mexicana.

Cantan el "Cielito Lindo", corean "olés", aplauden los avances y las coberturas de los verdes, así como las atajadas de Guillermo Ochoa.

A unos metros de ahí, separados sólo por un grueso cristal, otros 50 "amigos" parados en la banqueta cantan, brincan y se abrazan cuando Giovanni dos Santos marca el gol de la ventaja tricolor.

El reloj no se detiene, Holanda acecha, presiona, toca la puerta y empata. El bullicio se convierte en silencio ante la anotación de los anaranjados, obra de Wesley Sneider, y todavía consiguen la voltereta con una pena máxima ejecutada por Klaas Jan Huntelaar en tiempo de reposición.

Quienes "respiran" son los policías que resguardan el Ángel, pues saben que con este resultado, que se consuma con el silbatazo final del portugués Pedro Proenca, tendrán una tarde tranquila, sin miles de aficionados que quieran festejar el que hubiese sido el histórico pase de la selección mexicana a octavos de final.