"Juanito" y "Gauchito", las mascotas nacionalistas de 1970 y 1978

"Fuleco", representación de Brasil en la Copa del Mundo 2014, personificado en la figura de un armadillo amazónico exhibido en el museo "Carmen Miranda" del Aterro do Flamengo de esta ciudad, también es acompañado -entre otras mascotas- por dos ejemplares que, según sus críticos, no simbolizan a sus respectivas naciones.

A través de ellos, la representatividad de dos países latinoamericanos fue confundida con la imagen de exportación comprada por los promotores encargados de fomentar un nacionalismo pasado de moda, criticados acremente en su momento.

Tales referencias de museo hoy son resucitadas a estas alturas de la posmodernidad, a mediados de la segunda década del siglo XXI, se remontan a años tan lejanos como 1970 y 1978, cuando tuvieron lugar las Copas del Mundo de México y Argentina.

El primero fue el gauchito que, bombilla de hierba mate en mano, brindaba por el triunfo de la selección nacional albiceleste que comandó César Luis Menotti, y el segundo es el pequeño y rechoncho mexicano con la panza de fuera, tocado con el descomunal y característico sombrero de charro que ha identificado a los mexicanos en sus andanzas por el mundo.

Nada más lejano que esas imágenes de lo que realmente son los pueblos mexicano y argentino en países donde, a decir de los talentos publicitarios que se derritieron el cráneo -y también los politólogos, siempre tan sabios-, en pocos trazos aplastaron siglos de historia y cultura.

En el caso de Argentina, se agrega el simbolismo mundialista -independientemente de lo que haya ocurrido dentro de la cancha con un exigido, obligado y necesarísimo 6-0 a Perú- de servir como pantalla a una dictadura militar impresentable.

Su cabeza visible -el general Jorge Rafael Videla, secundado por el almirante Alberto Lacoste, responsable del comité organizador del evento- entregó la Copa del Mundo al capitán Daniel Pasarella, luego de vencer 3-1 a Holanda en el estadio monumental de River Plate, la noche del 25 de junio de 1978.

Al menos, en México, hubo un Brasil que mostró un talento impecable, como ningún otro en la historia de las Copas del Mundo, según dijo Mario Zagallo, el jugador-pistón de 1958 en Suecia.

También, no se olvide, fue el director técnico de 1970, cuyo equipo se convertiría, el 21 de junio de 1970, ante 107 mil espectadores delirantes que llenaron el estadio Azteca de la capital mexicana, en tricampeón universal con un equipo inimitable e irrepetible.

"Juanito" y "Gauchito", a fin de cuentas, fueron gemelos de desgracia sobre el papel, al hacer ver mal a sus creadores por su falta de consistencia creativa, como dijo la publicista brasileña Letizia Cláudia Farías, sinodal del jurado que participó en la elección del armadillo "Fuleco" como mascota de la Copa Mundial FIFA 2014.

Para la mercadotecnia, "Tip y Tap", la doble mascota del décimo mundial, en 1974, sirvió, al menos, para unir las emociones generadas sobre las canchas de una nación dividida bajo los nombres formales de República Federal Alemana (RFA) y República Democrática Alemana (RDA).

Aún no ha sido despejada la duda sobre lo que querían simbolizar los dibujantes de ese dúo germano; pero tal vez quisieron mostrar que, en tiempos de una división política entre comunismo y capitalismo, el país se mantenía tan unido como el mundo que se trasladaba a él para jugar al futbol en búsqueda de un cetro mundial, el segundo en el caso alemán.

Quizá intentaban demostrar que la diversidad -ser alto y rubio; ser bajo y moreno- podía ser superada en un abrazo deportivo, o quizás apuntaron al sentido nacionalista más puro: "los dos somos uno".

Dicho con todo respeto, sea como fuere, el resultado final fue un retrato risible, más propio de una caricatura o cartón humorístico de los diarios deportivos, que de un simbolismo de superación y esperanza: en otras palabras, más para las historietas cómicas, que para una Copa del Mundo, esa vez en 1974.

Y si hay un elemento definitivo que puede dejar clara para siempre la brecha cultural entre oriente y occidente, ésas son las tres mascotas de Corea-Japón 2002, bautizadas con el impronunciable nombre de "Shperiks".

Son "Kaz", "Ato" y "Kik", con muchas y enigmáticas cuestiones rodeando a esos seres extraños, "casi mágicos", de acuerdo con los dichos de los aficionados asistentes al torneo asiático de principios de siglo; pero, en principio, ¿por qué son tres? O más importante aún, ¿tres qué?

¿Monstruos? ¿duendes? ¿Teletubies? En algún punto, más que espíritu deportivo infunden un temor sereno de sudor frío; sin embargo, y fuera de tanta especulación, ¿por qué no recurrir a una bola de cristal?

El miedo se agiganta si, a una de esas criaturas salidas de un cuento de esas tierras y sin origen real, se le atribuyen poderes extraterrestres; pero lo que no parecen es representar a la pasión mundialista que produce el actual balompié.

Como dijo recientemente y con razón un pensador neoclásico: quizás no sea su culpa, pues a fin de cuentas el futbol, como lo conocemos ahora, se inventó en Occidente en 1863 -en la Inglaterra victoriana-, sin nada que ver con el misticismo y la quietud del Lejano Oriente.