La violencia continúa en favelas de Río de Janeiro pese a Mundial

La violencia no ha cesado durante la Copa del Mundo Brasil 2014 en las favelas de Río de Janeiro, donde han muerto cuatro personas por tiroteos entre policías y traficantes desde el pasado 12 de junio, día de la inauguración.

La más reciente víctima fue un niño de cuatro años, fallecido por un disparo en la cabeza a causa de una bala perdida durante una operación policial el miércoles en una favela del norte de la ciudad.

La muerte del pequeño durante un tiroteo entre policías y traficantes en el Morro da Quitanda, barrio de Costa Barros, no ha sido esclarecida y las autoridades no identifican todavía de qué bando procedía la bala.

Como suele ocurrir cuando muere un civil inocente en las favelas de Río, vecinos salieron a las calles a manifestarse y quemaron un autobús y varios coches.

Ello provocó tensión en esta zona localizada a 30 kilómetros de donde se concentran los hinchas de las selecciones, en Copacabana.

La muerte de civiles inocentes e incluso niños es frecuente en las intervenciones de la policía en las zonas desfavorecidas.

Según datos de la organización no gubernamental Río de Paz proporcionados a Notimex, una docena de niños menores de 12 años ha muerto en operaciones policiales en las favelas de Río de Janeiro desde 2007.

En otro incidente similar con la policía, dos adolescentes de 15 y 17 años supuestamente inocentes fallecieron el lunes en el llamado Complejo de Alemao, una amplia zona compuesta por más de una docena de favelas que, pese a haber sido ocupada por la policía en 2012, sigue provocando problemas en la seguridad.

La víspera un policía militar había sido tiroteado en esa zona y murió como consecuencia de sus heridas.

Las autoridades de Río de Janeiro iniciaron en 2008 el despliegue de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) que hoy llega a 37 favelas de Río de Janeiro, con el objetivo de tener presencia permanente en las zonas marginadas cuyo control estaba en manos de grupos de traficantes de droga armados.

Aunque la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce que esa política provocó una caída de los índices de criminalidad, no son pocas las críticas que ha recibido en los últimos meses a causa de un repunte de la violencia y por los excesos policiales denunciados por la población local.