"Brasil no puede perder", única exigencia de fanaticada patriota

Los análisis de los brasileños son a fondo cuando se habla de futbol, como corresponde al país que lo volvió pasión nacional y, si se dice que probablemente los chinos lo inventaron hace siglos y los ingleses lo organizaron en 1863, ellos, al paso del tiempo, lo hicieron un arte.

Esa afirmación se da a partir de que, desde 1930, Brasil es hegemónico en la práctica del balompié y pentacampeón mundial reconocido, presente en la veintena de Mundiales realizados hasta ahora, sin faltar a ninguno, enmarcado todo ello en un fenómeno social extraordinario.

Reunirse en una tertulia futbolera entre conocedores, implica discutir y hablar de tácticas, de las cualidades de los jugadores, de asuntos que todos creen y dicen saber, de recuerdos remotos y recientes, anécdotas, hechos reales y mitos como los que surgen en estos días en torno a los integrantes de la selección nacional dirigida por Luiz Felipe Scolari.

Los contertulios opinan con serenidad, de manera natural, espontáneamente, tranquilos, otras veces a gritos, casi siempre sin conocerse, lo mismo en un bar, en la sala de espera de un aeropuerto, a orillas del río Amazonas, en el jardín de una moderna residencia en Brasilia o en el "boteco" de una favela en el morro más alto y pobre de Río de Janeiro.

Lanzan el corazón por la boca al referirse a que, mal integrada, la selección decidida por el riograndense "Felipao" no tiene arte ni intensidad, de si Neymar Jr. será el salvador de la patria, encomendado por millones de "torcedores" a la virgen de la Aparecida, la patrona de todos los brasileños, a cuyo templo en Sao Paulo van de rodillas para pedir por él y sus otros 22 compañeros.

También se ejerce el periodismo profético, sin bola de cristal por supuesto; pero cruzando apuestas verbales sobre el futuro inmediato de un equipo que no termina de convencer, no obstante haber colectado siete puntos y siete goles en tres encuentros iniciales bastante desiguales.

Los temas recurrentes de esta fanaticada irredenta, entre muchos más, son la falta de calidad, la dependencia del conjunto hacia su nuevo prócer de pelos parados, la nostalgia de un futbol de mayor creatividad y, en fin, el no ver un cuadro que robe balones ni arme esquemas que conduzcan agresivamente a las redes del adversario.

Con todo y esas anotaciones en la fase de grupos, y Neymar da Silva Santos adelantado con Lionel Messi y Thomas Muller en la lista goleadora, con cuatro dianas, los críticos dicen que la presión asfixiante y la recuperación vigorosa de Brasil han desaparecido, siempre tomando como referente la Copa Confederaciones de 2013.

La "voz de la calle" -como don Zenobio Fernández, hotelero carioca de origen español- conversa de una realidad diferente de la que parecen percibir Scolari y sus jóvenes discípulos, excepto tal vez Óscar Santos, armador paulista del Chelsea nacido en 1991, ídolo de la república tuitera, elogiado por los trinos de las aves canoras del ciberespacio.

Éste -obviamente- ha hecho que el máximo evento deportivo del planeta disparara la comunicación e interacción de los usuarios de esa modalidad posmoderna, y para agregar valor crecientemente multimillonario a cientos de empresas patrocinadoras que, presumen, son de clase mundial.

La "torcida" virtual, y la otra, la real, la de los patriotas -ésa que se planta en los estadios para hacer del alarido un himno-, han sentenciado: "É agora o nunca, o Brasil nao pode perder" ("Es ahora o nunca, Brasil no puede perder"), y no se habla de "maracanazos" ni de derrotas heroicas, como cuando la seleçao que comandaba Flávio Costa aún vestía de blanco.

La debacle de 1950 llevó a que Aldir García, "gaúcho" del pueblo fronterizo de Jaguarao, diseñara la camisa "verdeamarela", cuyo estreno, en 1954, es conmemorado con estruendo en el sexagésimo aniversario de su feliz y patriótica creación y, a más de seis décadas de todo eso, hay que resarcir cualquier daño histórico con la obtención de la Copa FIFA.

Con opiniones mayoritarias en contra, con un estilo híbrido, más europeo que brasileño, Scolari ha declarado que, en su segunda ocasión como seleccionador -ya hizo campeón a Brasil en Corea-Japón 2002-, el destino final no puede ser otro que el reinado absoluto en el futbol mundial.

A los candidatos a reyes les espera un sexto título -asegura la democracia participativa que impera en el país-, simbolizado en una estrella más para su constelación, y en los 217 goles y 68 triunfos coleccionados entre el 14 de julio de 1930 ante Yugoslavia y, el más fresco, el 23 de junio de 2014, en Brasilia, frente a Camerún.