Alumnos de la licenciatura de Danza Clásica de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (ENDCC) presentaron hoy la pieza "La Fille Mal Gardée", coreografía de Iker Mitchell, sobre la obra de Paolo Taglioni revisada por Marius Petipa, en el Teatro Raúl Flores Canelo.

A través de una escenografía de época que simuló a un pueblo mágico, los bailarines y bailarinas plasmaron sus enseñanzas y conocimientos en el escenario para llevar al público, conformado por estudiantes de una escuela de primaria privada, la historia de Lissette, una joven que se enamora de un campesino.

En el teatro ubicado en el Centro Nacional de las Artes, los jóvenes actores cautivaron al público mediante el ballet, acompañados de música grabada de Edward Hertel, al hacer gala de su técnica en cada uno de sus movimientos, pero también de algunos otros muy divertidos o hasta cómicos.

Vestidos con sus trajes de época, los alumnos de la ENDCC interpretaron cada uno pasos de ballet de gran manera, sobre todo al momento de sus giros, pero también al realizar las coreografías en solo o colectivo, dándole esa riqueza a la obra.

"La Fille Mal Gardée" (La niña mal guardada) comienza con la mamá Simón, quien es una rica terrateniente que dirige a un buen número de trabajadores de campo, labradores y labradoras. Siempre se encuentra atenta a los sucesos que acontecen alrededor y que gustosas, le informan un par de solteronas, jocosas y entrometidas chismosas.

Lissette, su hija, está profundamente enamorada de un hermoso campesino de nombre Colín, el cual es pobre y esto disgusta terriblemente a la madre de la joven.

Posteriormente, Lissette se levanta y sale de la casa a llevar a cabo sus labores, darle de comer a los pollos, preparar la mantequilla y entonces aparece repentinamente Colín.

En ese momento, mamá Simón los sorprende coqueteándose mutuamente, despide a Colín y reprende a su hija obligándola a continuar con la elaboración de la mantequilla.

La madre de Lissette le arregla una cita con el hijo de un rico propietario, el señor Tomás. Su hijo Alan, quien es definitivamente un tonto es llevado por su padre a rastras. Lissette acepta la cita obligada. Tomás luego pide la mano de Lissette para su hijo.

Mamá Simón, impresionada por la dote y la riqueza que puede aportar esta familia a la suya, da su consentimiento pasando por alto la salud precaria de Alan, ya que a sus escasos 18 años le falta un considerable número de dientes.

Tanto Alan, quien es infantil como Lissette, no están de acuerdo y se horrorizan al comprender el trato hecho por sus respectivos padre y madre.