Julio Jiménez Rueda fue un comprometido con la literatura clásica

Considerado como uno de los escritores y dramaturgos más importantes, Julio Jiménez Rueda es recordado a 54 años de su muerte, que se cumplen mañana, como un comprometido con la tradición literaria clásica.

Autor de "La silueta de humo" y "Miramar", entre otras propuestas escénica, el dramaturgo mexicano incursionó en la traducción y las conferencias, lo que le valió un gran reconocimiento.

Nacido en la Ciudad de México el 10 de Abril de 1896, Julio Jiménez Rueda cursó sus estudios superiores en leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde además obtuvo el grado de doctor en Filosofía y Letras, señala su perfil biográfico publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

A lo largo de su trayectoria participó activamente en la vida pública y administrativa del país, siendo secretario de la embajada en delegaciones diplomáticas de México en Montevideo (1920) y en Buenos Aires (1921-1922).

Asimismo, ocupó el cargo de director del Archivo General de la Nación, de acuerdo al sitio en Internet "biografiasyvidas.com".

Posteriormente, fue director de la Escuela de Arte Teatral de la Universidad, participó en la fundación de la Unión de Escritores Dramáticos, y para el año de 1954 fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Como escritor sus primero libros fueron de cuentos, relatos y teatro de ambiente colonialista, algunos de ellos son: "Cuentos y diálogos" (1918), "Sor Adoración del Divino Verbo" (1923) y "Lo que ella no pudo prever" (1923), indica su biografía disponible en el portal de la Academia Mexicana de la Historia (AMH).

En 1946, el escritor comenzó una nueva etapa en la que se enfocó en la realización de obras históricas, entre las que se encuentran: "El mundo prehispánico" (1957), y "El virreinato" (1956), así como "El habla de los conquistadores" (1955), libro que le valió su ingreso a la AMH.

Fiel a sus convicciones universitarias, Jiménez Rueda fue uno de los fundadores del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. Asimismo, participó en el Congreso de Academias de la Lengua y representó a México en asambleas realizadas en diferentes partes del mundo.

Jiménez Rueda murió en la Ciudad de México el 25 de junio de 1960, sin la oportunidad de presenciar uno de sus más grandes homenajes, que fue la asignación de su nombre a un teatro, mismo que fue inaugurado el 22 de noviembre de 1965 con la obra "Adán y Eva", de Salvador Novo.