Chirimitero lamenta pérdida de identidad sonora purépecha

Más de cinco décadas de su vida las ha dedicado a la música y hoy más que nunca Javier Hernández Tecumache, uno de los dos únicos chirimiteros de Comachuen, Michoacán, lamentó profundamente la pérdida de identidad sonora de la comunidad purépecha.

Entrevistado aquí por Notimex, señaló que los jóvenes se avergüenzan de su música, "o lo que es lo mismo sienten pena de sus raíces, de la herencia de sus antepasados y de su comunidad".

Feliz de participar en el Festival Musical Purépecha, que tuvo como objetivo presentar los resultados del Proyecto de Iniciativa Social "Rescate de la Música Tradicional Purépecha", en este municipio, el músico de 63 años de edad reflexionó sobre cómo hacer que las personas conozcan, respeten y amén la música tradicional.

"No es sólo porque yo así lo quiera, pero es importante para (los jóvenes de) la comunidad sentirse orgullosos del arte que los identifica como herederos de un importante valor, porque la música es eso, algo que nos hace valorarnos como comunidad", apuntó mientras sujetaba con fuerza su chirimía.

Portando con orgullo camisa y pantalón de manta, faja, sombrero y huaraches, Hernández Tecumache, quien es miembro de la agrupación Los Chirimiteros, de Comachuen, recordó cómo fue que empezó a tocar su instrumento.

"Era muy chamaco y mientras estaba en el campo con mi padre hacíamos música como mis ancestros, porque desde hace mucho tiempo existen estás composiciones, las cuales no me gustaría que se perdieran", explicó.

Don Javier dijo que su mayor anhelo es compartir sus conocimientos musicales con jóvenes a quienes les guste lo tradicional.

"A mi familia no le gusta esta música, por eso quisiera que hubiera un lugar donde enseñar esto, para seguir con la tradición de nuestro pasado indígena", expuso seguro mientras observaba a un grupo de adolescentes, con pantalón de mezclilla, playera y tenis, que se paseaba por la plaza local sobre patinetas.

"Mis nietos estaban aprendiendo, pero no les gusta estar por acá porque les da vergüenza y es que cuando ya están grandes no lo quieren hacer, dicen ´ahí está mi novia y me da pena que me vea´. Es una lástima y me duele mucho, porque nosotros ya vamos de salida y se va a perder todo esta música tan bonita", refirió.

Con voz tenue, el chirimitero dijo que "me encantaría que alguien me diga: Me enseñas, para que siga y siga está tradición que no requiere más que del amor por tus raíces, de tiempo para ensayar y de paciencia para aprender a tocar".

El intérprete de abajeños, sones, marchas y valses sostuvo que, sin embargo, no pierde la fe y subrayó que él y sus compañeros de agrupación insistirán en que no se pierda esta tradición y compartirla no sólo en la comunidad purépecha sino en todo México.

"Nosotros no tuvimos una escuela donde aprender, Dios quiera nos ayudarán para que no se pierda y nos dieran un espacio para enseñarles a los chiquillos o a los señores", comentó don Javier.

Por último, habló de las características de su instrumento, y emocionado describió: "es uno muy bonito y valioso para mí, me lo prestó mi compañero José María, era de su padre, y aunque está muy chiquito tiene buen sonido, además no es difícil tocarlo y le da mucho ritmo a las piezas".