Preocupa a Timotea Rangel Galván desaparición de comida tradicional

Con la firme esperanza de que la comida tradicional purépecha siga viva, no obstante la incursión de la gastronomía contemporánea, Timotea Rangel Galván, quien será reconocida esta tarde aquí como Tesoro humano vivo, deseó que cada vez más jóvenes se interesen en aprender el arte culinario de sus ancestros.

Luego de expresar que "me gustaría que nunca acabe ésto", Rangel Galván, de 81 años, mostró su preocupación por el hecho de que las nuevas generaciones no se sienten atraídas por hacer la comida antigua.

"Ahorita menos que nunca hay interés en aprender a preparar estos platillos, las personas jóvenes no quieren dedicarse a ésto pues les va mal y no ganan el dinero suficiente para mantenerse", explicó.

"La otra vez llevé a unas vecinitas a trabajar, al final nos pagaron 100 pesos y pues ellas se enojaron y ya no quisieron volver a trabajar conmigo", relató, mientras se sobaba su brazo izquierdo, el más afectado por el calor de las brasas.

"A veces nos va bien, otras no tanto", dijo al recordar felizmente cómo en una ocasión una maestra la invitó a trabajar haciendo tortillas para un evento. Ella le dijo que cobraba 200 pesos y al final le dieron 500 y le pagaron un taxi para que se llevará su metate.

"Ese día llegué a mi casa y le dije a mi esposo: Viejo qué crees, mira lo que me dieron, pero yo no lo pedí, la maestra me dio todo esto", refirió entusiasta mientras trataba de recordar en qué invirtió ese dinero.

En entrevista con Notimex, la cocinera tradicional del poblado de Caltzontzin, en Uruapan, Michoacán, habló del orgullo que le da la herencia que le dejaron su madre y abuela: "Ellas me enseñaron a hacer atapacuas de chilacayote, flor de calabaza y frijol, también aprendí a hacer tortillitas y corundas, y de eso hoy me mantengo; son comidas ricas y que no hacen daño", acotó.

Ataviada con su traje de gala, que sólo utiliza en bodas o festividades importantes, Timotea sonrió al acordarse de sus antepasados, quienes además de enseñarla a cocinar, le inculcaron el amor y respeto por la Madre tierra, así como el valor y la responsabilidad de la cosecha y recolección.

Luego, de repente, cambió su tono de voz, ahora con un toque de solemnidad, para indicar: "Mientras tejo, bueno ahora ya no tanto porque no veo mucho, me acuerdo de mi madre y abuela, también de mí papá y mi hermana, y pienso si cuando me vaya de aquí descansaré con ellas".

Erguida y con la mirada ensimismada, Timotea explicó que aunque gusta de tejer ya no lo hace con frecuencia porque le falta la vista y la gente no paga a buen precio su trabajo.

"A la gente de aquí se le hace muy caro pagar mil 800 por una prenda de dos vistas, así lo damos porque nos tardamos cuatro meses en hacerla. Pero a veces las personas que ya me conocen me pide para llevar al otro lado, y ese dinerito lo guardo para pagar mi comida", relató.

Si bien el tejido y la comida son sus grandes pasiones, ella prefiere ante todo cocinar, porque ve cómo la gente que prueba por primera vez sus corundas o atapacuas queda encantada con sus sabores.

"Antes nadie nos conocía a las cocineras tradicionales, pero ya mucha gente se acerca a ver qué vendemos, aunque no compran mucho. Yo seguido participo, si mi enfermedad me lo permite, en encuentros, voy a Pátzcuaro o a Morelia", contó.

Timotea Rangel, quien ha dedicado más de siete décadas a la gastronomía purépecha tradicional, será hoy reconocida como Tesoro humano vivo, como parte de la cuarta jornada de actividades del programa Galas Identitarias. Fiesta de las Culturas Vivas, que busca impulsar la creación artística local y dignificar las manifestaciones culturales y festividades tradicionales.

Tras revelar que su deseo es contar con su propia cocina, dijo que por ahora seguirá vendiendo atoles de piña, tamarindo y cajeta con su sobrina, a quien le comparte sus conocimientos en materia de cocina tradicional.

Aseguró que no pierde las esperanzas de algún día construir su cocina, con fogones y comales, para hacer lo que más disfruta: deleitar el paladar de los miembros de su comunidad y de los turistas que visitan Caltzontzin, poblado que tomó su nombre de cómo se conocía a los reyes del Michoacán antiguo.

De no ser posible su cocina, comentó que le gustaría tener un cuarto pequeño y bien cerradito para cultivar orquídeas y luego venderlas.

El programa Galas Identitarias. Fiesta de las Culturas Vivas, auspiciado por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) busca fortalecer la dignidad identitaria de las comunidades con un alto grado de marginación en el país, a través del reconocimiento a la riqueza cultural de sus tradiciones.

Estas actividades se han realizado antes en Chiapas, San Luis Potosí, Guerrero y ahora Michoacán, mientras que la siguiente semana arribarán a Zongolica, Veracruz, para impulsar la creación local y dignificar las manifestaciones culturales y festividades tradicionales, apoyando al mismo tiempo la economía de los creadores populares.