Sabino, árbol testigo de una leyenda de amor en Durango

En los pies de un Araucaria, según cuenta la leyenda, murieron María la Judía y el peón Juan, cuando fueron descubiertos por el padre de la joven que se oponía al romance.

Este árbol es uno de los más representativos de la capital del estado, pues tiene 183 años y es una especie en peligro de extinción.

Adán Álvarez Haro, coordinador de ordenamientos ecológicos de la Secretaría de Recursos Naturales y Medio Ambiente (SRNMA), expuso que la Araucaria que es una especie exótica originaria de Chile y Argentina.

Dijo que esta especie está protegida a nivel internacional y que se debería buscar su reproducción; por el momento indicó que este árbol está protegido y quien esté a cargo de la propiedad en donde se encuentra deberá pedir una autorización para podarlo o darle algún tratamiento.

Este árbol se localiza en donde por algunos años albergó el ex Velatorio El Sabino y según cuenta la placa fue testigo de un amor imposible.

Según narra la lyenda, escrita por cronista de la ciudad, Manuel Lozoya Cigarroa -y quien murió hace dos años- este árbol fue testigo de un amor imposible entre dos enamorados y que fueron separados por el padre de la joven tras matarlos al pie de este árbol.

Josué era un comerciante judío que adquirió una parcela a las cercanías de la ciudad de Durango, en el vivía con su esposa Sara y su hija maría quien era una de las mujeres más hermosas de la región, según relata el texto.

Al morir Sara, Josué se deprime y deja caer sus negocios y su parcela, pero años después cuando María fue creciendo y viendo la necesidad que se tenía para conseguir dinero, decidió contratar a Juan que era un joven mestizo trabajador, inteligente y activo ayudó a recuperar su fortuna.

Narra que ninguno de los dos jóvenes evitó el enamorarse y llevaron una relación clandestina hasta que su padre lo descubrió y echó a Juan de su propiedad. Sin embargo, se resistían a estar separados seguían viéndose a escondidas por las noches.

El tiempo transcurrió y para Josué y todo parecía estar tranquilo en la propiedad pues Juan no había molestado más; sin embargo, una noche vio que había huellas de lodo en una barda, por lo que descubrió que su hija seguía viendo al trabajador.

Ante ello, una noche decidió tomar su fusil y un puñal y le comentó a su hija María que haría un viaje largo y que no llegaría a dormir, esto para poner una trampa y matar a Juan.

Según cuenta la leyenda, esa noche de julio llovía, y entre la tormenta eléctrica y la lluvia abundante Josué vio como Juan se escondía entre las ramas del árbol, por lo que disparó su fusil dándole en el pecho.

José se acerco para rematarlo y pensando en tomarlo para tirar el cadáver fuera de la huerta, y cuando llegó a donde se encontraba vio como la bala atravesó el pecho de Juan y se incrustó en el corazón de su hija, ambos murieron dándose un beso.

En ese momento, Josué tomó su puñal y se lo clavó en el pecho y murió junto con su hija.

Desde entonces, cuenta la leyenda que las personas que posteriormente habitaron esa huerta que en las noches lluviosas de Julio, cuando el reloj de la catedral marca las dos de la mañana, se ve la silueta de una mujer que se acerca al tronco del árbol donde tiene cita con su amado, el pueblo bautizo al fantasma como La Judía del Sabino.

El tronco de este árbol está dividido en dos, como los enamorados, y dicen que constantemente el viento junta sus ramas como testigo de los abrazos que se dieron María y Juan la noche en que murieron.