Las mascotas alemana y estadounidense, monumentos al mal gusto

Le llaman "cidade maravilhosa, coraçao do meu Brasil", vital en cada una de sus esquinas, jardines, monumentos históricos, bares, restaurantes, churrasquerías, barrios antiguos y el renovado Museo de Arte Moderno, entre los muchos puntos turísticos y culturales que hay en ella.

Tampoco faltan sitios como el Museo "Carmen Miranda", ubicado en el Aterro do Flamengo frente al emblemático Pan de Azúcar, donde, con motivo de la Copa del Mundo 2014, se instaló una exposición llamativa y elocuente.

En paralelo a las expresiones deportivas cuatrienales, los Juegos Olímpicos han tenido, por su parte, eventos culturales relevantes, parecidos al que, en el Aterro, exhibe a las mascotas mundialistas creadas de 1966 a la fecha, de "Willie", el león inglés, a "Fuleco", el armadillo brasileño, sin dejar de lado al león alemán "Goleo VI" y al perro estadounidense "Striker".

"Es de suponerse que la corriente alemana de diseño modernista no sólo se ubica como la mejor de Europa, sino del mundo entero; pero la mascota para el Campeonato Mundial de 2006 en Alemania resultó ser la versión 'muppet' de una noche de terror", dice una visitante del museo "Carmen Miranda".

Es Petra Pinzler, corresponsal del "Kolnischer Zeitung" (Diario de Colonia) en Brasil, rotunda al opinar sobre "Goleo VI", el león de melena despeinada adoptado como mascota para el torneo mundialista celebrado en su país en 2006.

"El inventor de Plaza Sésamo no pudo haberlo pensado peor", asegura Pinzler, reclamando que, para salir del paso, la recurrencia virtual y los meros dibujitos, los diseñadores de su creativa nación establecieron, sin más, su símbolo en una insulsa marioneta gigante.

Se trató de un león gordo, fuera de forma, que intentaba jugar al futbol con la camiseta blanca y negra del seleccionado nacional que enfrentó a Hungría, el "Wunder Team" de Turek, Posipal, Kohlmeyer, Eckel, Liebrich, Mai, Rahn, Morlock, Schaffer y los hermanos Walter, que tantas glorias dio a la nación con la corona mundial de 1954 en Suiza.

Eso sin desmerecer como finalista en Inglaterra con Tilkowsky, Hottges, Weber, Schulz, Schnellinger, Haller, Beckenbauer, Emmerich, Seeler y Overath, los subcampeones de 1966, cuando los británicos vencieron 4-2 por decreto, para congraciarse con la reina Isabel II.

Al borde de un ataque de nervios, Petra Pinzler reitera que una botarga como esa no representa más que un insulto para sus compatriotas que casi vencen a Argentina en 1986, y menciona a Schumacher, Brehme, Foerster, Eder, Berthold, Briegel, Jakobs, Magath, Matthaus, Rummenigge y Voeller, aunque el marcador final fue 3-2 para los platenses.

"Podrían haber pensado en algo mejor -dice-; pero es difícil comprender que una nación disciplinada, dura y cervecera como la mía, quisiera identificarse con un blando, feo y fofo felino".

Lo más triste, añade, fue la amistad que decidieron endilgarle al pobre león con "Pille", un balón parlante, dizque atrevido, mal encarado e inmerso en retorcidas carcajadas: "Si la pelota se ríe, se imaginarán cómo nos habremos reído nosotros en 2006".

Ambos están unidos por su interés futbolístico y su ilusión de lo que sería "la fiesta más grande del mundo", según los publicistas alemanes que los crearon; pero el caso es que "Goleo VI" no se alteró para nada, cualidad que le resultó sumamente útil por el escándalo que se formó alrededor de su figura, que alcanzó enormes proporciones.

"A ese león lo vimos hasta en la sopa", concluye Pinzler: "Apareció en portadas de revistas, programas de televisión, escaparates, pantallas de cine, y hasta musicalizado en un disco de pésima calidad".

En 1994, como sede del XV Campeonato Mundial de Futbol, Estados Unidos tuvo la mejor oportunidad para crear un personaje perfecto como rostro amable de su evento, porque antecedentes tenía de sobra.

Lo más sencillo era pensar que, una nación experimentada en el diseño de mascotas desde tiempos inmemoriales, podía hacer la composición de un logotipo simpático, sofisticado, entretenido, impactante y tal vez hasta representativo.

Expertos en mercadotecnia y sociólogos especialistas en el célebre "american way of life" aparentemente reunieron su talento, consultaron grupos de opinión, pusieron a disposición de una justa deportiva su más riguroso celo profesional; pero acabaron ideando a "Striker", una figurita canina simplona y sin gracia que no despertó el más mínimo interés.

Se ha dicho reiteradamente que al público deportivo estadounidense -tan afecto a los idolazos del futbol americano y a los multimillonarios basquetbolistas de la NBA- poco importaba la Copa del Mundo de 1994.

Así, los mercadólogos se decidieron por un perro, el mejor amigo del hombre que -como los germánicos "Goleo VI" y su balón "Pille" exhibidos en el museo "Carmen Miranda" de Río de Janeiro- resultó ser el peor enemigo del buen gusto y el colmo y ausencia de originalidad.