Refuerzan con policías y militares operativo de seguridad en Maracaná

Las autoridades de Río de Janeiro anunciaron la tarde de este viernes que desplegarán 600 policías militares suplementarios en las inmediaciones del estadio Maracaná para evitar los incidentes ocurridos con hinchas argentinos y chilenos, y el ejército será desplegado durante la final del Mundial.

Pese a las reticencias de la FIFA, que se había mostrado contraria a una "militarización" de la Copa y se oponía a la presencia de militares en los estadios, la invasión de unas 200 personas del mítico estadio durante el partido entre España y Chile ha provocado un cambio en la estrategia de seguridad.

El coronel José Luís Castro Menezes, de la policía militar de Río de Janeiro, dijo en una rueda de prensa celebrada esta tarde en esta ciudad, que los puntos más débiles en la seguridad del estadio serán reforzados con 600 efectivos suplementarios.

Asimismo, el ejército participará en las tareas de seguridad de la final de la Copa del Mundo, que se debe disputar en el Maracaná y contará con la presencia de varios jefes de Estado, entre ellos la presidenta brasileña Dilma Rousseff y el presidente ruso Vladimir Putin.

El máximo organismo del futbol mundial y el país anfitrión se han atribuido mutuamente la responsabilidad de la invasión por unos 200 seguidores chilenos del recinto de Maracaná, que provocó momentos de tensión en la sala de prensa y obligó a proceder a la detención de 85 hinchas chilenos que deberán abandonar Brasil en 72 horas.

Si en un primer momento el gobierno brasileño -que ha invertido más de 840 millones de dólares en seguridad- responsabilizó a la FIFA de lo ocurrido, pues la institución está a cargo de la gestión de los estadios mundialistas hasta el 19 de junio, en las últimas horas fue el organismo presidido por Joseph Blatter el que acusó a Brasil.

La FIFA, que el jueves tildó de "vergonzosa" la invasión en Maracaná, atribuye al Gobierno de Río de Janeiro tres fallas, que van desde no asegurar el perímetro del estadio, donde teóricamente no se puede acceder sin boleto, hasta la falta de policías a la salida del metro para identificar preventivamente grupos de hinchas que pueden ser considerados peligrosos.

Brasil desplegó 170 mil personas -entre ejército, policías y seguridad privada- con el objetivo de garantizar que la Copa se llevara a cabo sin incidentes mayores ni violencia, en un país donde las desigualdades sociales y la disponibilidad de armas de fuego convierten algunas zonas de las principales ciudades en muy peligrosas.