Brasil se pregunta dónde escondió "Felipao" a sus delanteros

Ante el grave tropiezo y eliminación de España de la Copa del Mundo 2014, un sector serio de la prensa de la nación ibérica señaló, con acierto, que sus delanteros no tiraron ni una vez a puerta en el partido contra Chile en el que, en definitiva, no hubo ni honra ni pasión.

Es el mundo al revés, ejemplifican los medios españoles: Andrés Iniesta -autor del gol que dio el título a España en Sudáfrica 2010, el mejor y más preciso pasador de la una vez llamada "Furia Roja" en los últimos años-, perdió más balones que nadie.

Y qué decir de Diego Costa -"traidor a la patria" le dijeron en su tierra-, el brasileño que quiso ser español de último minuto, quien jugó 298 minutos en sus únicos cuatro partidos internacionales, registrando -es un decir- un solo disparo a los postes enemigos en su hoja de servicios.

Con menos énfasis y sin improperios, pero con similar preocupación, millones de brasileños -sin exagerar- se preguntan en qué lugar de la cancha de entrenamiento, de su cerebro o de su libreta de apuntes tiene escondidos Luiz Felipe Scolari a sus delanteros.

Nadie encuentra a esos furiosos atacantes que, en fechas previas al vigésimo Campeonato Mundial de Futbol, ponían a temblar los arcos rivales, al contrario de lo que ahora tiene que admitir "Felipao".

Una y otra vez, el estratega de la "verdeamarela" ha reclamado por la falta de reciedumbre en los artilleros que se mostraron tan efectivos en la Copa Confederaciones de 2013.

Son los mismos pistoleros que -hasta el 0-0 contra México el 17 de junio último, en que se cansaron de acribillar sin éxito al arquero/héroe Guillermo Ochoa- formaban parte del equipo anotador en una decena consecutiva de encuentros, el último de ellos ante Croacia, con un gol de Óscar y un par de Neymar Jr.

Edson Arantes do Nascimento y Artur Antunes Coimbra, los mayores artilleros que ha tenido la "canarinha" en su historia en orden de aparición, fueron los primeros en apuntar tal anomalía, inconcebible en un escuadrón de guerra que, desde 1930, con 213 tantos oficiales anotados, se había caracterizado por la fiereza y contundencia de sus delanteros.

Es imposible dejar de afirmar que, en cada Copa del Mundo, Brasil es cercado por su propia leyenda, por la grandeza de un pasado a que se han visto sometidos sus delanteros, sin poder escapar a comparaciones inevitables, relacionadas siempre con el número que portan en la espalda.

¿O es que acaso Leónidas, Ademir, "Julinho", "Vavá", "Pelé", "Garrincha", Amarildo, "Jairzinho", "Tostao", Rivelino, Roberto "Dinamita", Éder, "Careca", Muller, "Bebeto", Romário, Ronaldo, Rivaldo, "Ronaldinho", "Kaká", Adriano, Luiz Fabiano y los que falten no han tenido un pedestal dorado en la sección de artillería del Olimpo del balompié brasileño en las últimas ocho décadas y media?

"Pelé", "Zico" y el mismo Scolari han dicho y confirmado que -en épocas recientes- el "factor gol" solamente aparece cuando lo genera o lo hace efectivo Neymar, ex delantero del Santos, figura "rock-star" del Barcelona de características insólitas, como suele ocurrir con los fenómenos surgidos cíclicamente en la nación del mejor futbol del continente americano.

Lo que sí es evidente, indudable y sumamente preocupante por diferentes razones, es la dependencia que tiene la "seleçao" de la dinámica de Neymar, ante la ausencia de un verdadero "9" en el cual éste descargue sus genialidades, pues, se supone, ese dígito le corresponde a Frederico Chaves Guedes.

Como todos los niños pobres de Brasil, Fred escogió entre el futbol y la nada, y emigrado al Lyon francés, de vuelta al Fluminense cumplió bien a secas, sin que la apuesta de "Felipao" por él le quite el sello del peor "punta" que Brasil ha tenido desde España 82, cuando "Serginho" Bernardino se convirtió en otra ingrata decepción.

De los actuales delanteros-delanteros poco puede decirse, tomando en cuenta algunas de sus escasas cualidades: "Hulk" Viera, potente rematador; "Paulinho", tirador letal; Ramires, sacrificado y a veces ofensivo; Jo, oportunista; Bernard Caldeira, habilidoso; Willian, "arma secreta"; Óscar -que se salva de la quema-, materia gris del ataque... y hasta ahí.

Bien se ha dicho que la verdad del futbol está en la cancha, y que los goles son su razón, su vida y su alegría, como desean verlo los millones de "torcedores" que, de pronto, no creen con ingenuidad ni candidez en los delanteros invisibles.