Invasión al Maracaná revela descoordinación entre FIFA y Brasil

Las dos invasiones al Estadio Maracaná durante encuentros entre Argentina-Bosnia y Herzegovina y España-Chile revelan fallas en las medidas de seguridad, así como una descoordinación y tensiones entre la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y las autoridades brasileñas.

Según reportes publicados hoy por la prensa del país sudamericano, la FIFA y el país organizador se han atribuido mutuamente la responsabilidad de la invasión por unos 200 seguidores chilenos al recinto, que provocó momentos de tensión en la sala de prensa y obligó a proceder a la detención de 85 aficionados andinos que fueron ordenados a abandonar Brasil en 72 horas.

Si en un primer momento el gobierno brasileño -que ha invertido más de 840 millones de dólares en seguridad- responsabilizó a la FIFA de lo ocurrido, pues la institución está a cargo de la gestión de los estadios mundialistas hasta el 19 de junio, en las últimas horas fue el organismo presidido por Joseph Blatter quien acusó a Brasil.

La FIFA, que ayer tildó de "vergonzosa" la invasión en Maracaná, atribuye al gobierno de Río de Janeiro tres fallas, que van desde no asegurar el perímetro del estadio, donde teóricamente no se puede acceder sin boleto, hasta la falta de policías a la salida del metro para identificar preventivamente grupos de hinchas que pueden ser considerados peligrosos.

En este contexto, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, viaja hoy a Río de Janeiro para abordar las medidas a tomar ante los próximos partidos en el estadio fluminense, que debe albergar la final del torneo y al que asistirán varios jefes de estado y gobierno.

Existe la posibilidad de desplegar al ejército brasileño, algo que la FIFA rechaza, según el diario Estado de Sao Paulo, al temer que la imagen de la Copa sea asociada con una cierta "militarización", por lo que lo más probable es que sean desplegados policías militares.

Brasil desplegó 170 mil personas -entre ejército, policías y seguridad privada- con el objetivo de garantizar que la Copa se llevara a cabo sin incidentes mayores ni violencia, en un país donde las desigualdades sociales y la disponibilidad de armas de fuego convierten algunas zonas de las principales ciudades en muy peligrosas.

Hasta la fecha, 288 actos de violencia fueron registrados en la primera semana de la Copa del Mundo, mientras que 77 personas fueron impedidas de entrar en Brasil por irregularidades en su expediente criminal o sus documentos.