Riqueza, vanidad y poder "encadenan el corazón": Papa

El Papa Francisco advirtió hoy que la riqueza, la vanidad y el poder "encadenan el corazón", tras recordar que muchas mujeres y hombres ricos han acabado en la miseria, en el anonimato o en la prisión.

Por cuarto día consecutivo, el líder católico se refirió públicamente al peligro que significa para el alma del ser humano la corrupción, la avaricia y la búsqueda de acumular los bienes terrenales.

En esta ocasión, durante la homilía de su misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta del Vaticano, reconoció que las riquezas pueden servir para "hacer cosas buenas" y sacar adelante la familia. "Pero si las acumulas como un tesoro, ¡te roban el alma!", alertó.

"El oro, el dinero, la riqueza (...) No estoy seguro con las inversiones, igual cae la Bolsa y te quedas sin nada. Y después, dime, ¿Un euro te hace ser más feliz o no? La riqueza, tesoro peligroso, peligroso", estableció.

Señaló que otro tesoro podría ser "la vanidad: tener prestigio, dejarse ver", pero recordó que Jesús "siempre condenó eso". La vanidad -insistió- "no sirve, se acaba" y después citó las palabras de San Bernardo: "Tu belleza acabará por ser la comida de los gusanos".

Sobre el orgullo y el poder, recordó el pasaje bíblico de la reina Atalia, cuyo gobierno duró siete años y luego fue asesinada. "¡El poder acaba!", apuntó.

"Cuantos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder acaban en el anonimato, en la miseria o en prisión. Por lo tanto es necesario no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder. Porque no sirven", agregó.

Sostuvo que Jesús llamó a tener el corazón libre que sólo acumula tesoros del cielo como el amor, la paciencia, el servicio a los demás y la adoración a Dios.

Precisó que esas son las verdaderas riquezas que no pueden ser robadas, mientras las otras riquezas pesan al corazón, lo encadenan y no lo dejan ser libre.

"Un corazón esclavo no es luminoso, será tenebroso. Los tesoros de la tierra no nos dan la alegría, pero sobre todo no nos dan la libertad", dijo.

"Un corazón libre y luminoso, ilumina los otros, hace ver el camino que lleva hasta Dios: un corazón luminoso, que no está encadenado, un corazón que va hacia adelante y que envejece bien, porque envejece como el buen vino: cuando el buen vino envejece es un buen vino envejecido", aseguró.