"Mulitas", tradición para católicos y bromistas

Las tradicionales "mulitas", pequeñas artesanías de diversos tamaños y colores, vuelven a verse en las calles de la ciudad, al celebrarse el Jueves de Corpus Christi.

En las plazas públicas, las salidas de las estaciones del Metro y en las afueras de las principales iglesias, comerciantes, en su mayoría indígenas, venden las figuras hechas con ramas de encino y hojas de mazorca que para los creyentes recuerdan la festividad católica cuyos orígenes se remontan al siglo XIII y para otros, la ocasión para bromear al amigo.

Los primeros compran las "mulitas" para complementar el atuendo de sus hijos, con los tradicionales vestidos de manta y huacal a la espalda lleno de frutas, alegoría de aquellos campesinos que antaño llevaban sus mulas hasta el templo cargadas con frutos de sus cosechas.

En cambio, los bromistas adquieren este objeto de ornato para regalarlo a las personas que a su juicio lo merecen, por ser tercos, rezongones o perezosos.

Las figuras, que pueden ser tan diminutas que apenas son sostenidas por un alfiler o tan grandes como el cliente las solicite, siempre van adornadas con canastas cargadas de flores o frutos, varían su precio, aunque casi siempre bien vale para conservar la tradición.

Desde hace varios años, la Iglesia trasladó la celebración, que tiene lugar 60 días después del Domingo de Resurrección de acuerdo con la liturgia católica, al domingo más próximo, pero muchos mantienen la costumbre de llevar este día a sus pequeños con bigote pintado, pantalones de manta arremangados hasta la pantorrilla, paliacate, huaraches y sombrero a la Catedral Metropolitana.

En el corazón de la capital se aprecian también niñas vestidas de blanco, con rebozo y flores que coronan las trenzas de su cabello.

Afuera del metro Zócalo y a la entrada del templo, los adultos compran a los artesanos las "mulitas" que ponen en la solapa, que dan a los niños o que obsequiarán a algún familiar para mantener la tradición.