Como Brasil en 1966, España cayó, decepcionó y abdicó

"En su obsesión de obtener el tricampeonato mundial en Inglaterra luego de ganar consecutivamente en Suecia y Chile, los dirigentes del futbol brasileño creyeron que éste sería invencible para siempre, por los siglos de los siglos", dice Zenobio Fernández, propietario del tradicional hotel Monte Blanco de la rúa Catete de la ex capital de Brasil.

Español de nacimiento, brasileño por naturalización, 70 años de edad, Don Zenobio recuerda que, como en el caso de su país de origen y su insólita eliminación de la Copa FIFA 2014, de ese tamaño fue la soberbia de los dueños de los clubes -de Río y Sao Paulo, principalmente- que fueron la base de la selección nacional que participó en el Campeonato Mundial de Inglaterra 1966.

Fernández se define como "voz de la calle", fanático del Alcorcón y el Botafogo, cuya memoria le dice que, participante en 30 partidos jugados entre junio de 1962 y abril de 1966, el conjunto de Aymoré Moreira ganó la Copa Jules Rimet de Chile al derrotar 3-1 a Checoslovaquia, obteniendo así su segundo título mundial.

De esos encuentros, ganó 25 y empató cinco, de modo que los ignorantes directivos de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF) estaban convencidos de que, las victorias logradas en 1958 y 1962 con Pelé y Mané "Garrincha" como máximas figuras, en automático ellos harían del doble monarca un candidato sobradamente favorito para el torneo de 1966.

"Con la intención de repetir la fórmula de España en Sudáfrica 2010 -añade Fernández-, cimentado en el Barcelona y el Real Madrid, el equipo de Vicente del Bosque cometió errores que se vieron en la Copa Confederaciones de 2013, cuando cayeron en la final ante Brasil por 3-0, al pensar que, con una plantilla multimillonaria de estrellas, era posible obtener fácilmente el triunfo".

Don Zenobio reside en Brasil desde 1960, conoce la historia del futbol brasileño y, de su baúl de datos, extrae el nombre de Vicente Feola -técnico campeón del mundo en Suecia 1958-, reinstalado en el cargo en 1963, gracias a los buenos resultados de la "seleçao" durante una gira por Europa.

Sin embargo, las imposiciones de los grandes clubes a través de una llamada "comisión pública" -puesto que cada uno de ellos deseaba ver en ella a sus representantes-, provocó que convocara a 47 jugadores, para integrar sin ningún criterio cuatro grupos, divididos por los colores blanco, azul, verde y rojo.

El conjunto definitivo se formó con futbolistas buenos y malos, mediocres y desconocidos, lo cual provocó una confusión total, ya que al lado de astros como Djalma y Gilmar Santos, Manga, Carlos Alberto Torres, Hércules Brito, "Zito", "Jairzinho", "Pelé", Amarildo, Servilio y "Tostao", podía verse a Alcindo, Fábio, Valdir, Fidélis, "Ditao", "Nado", Rildo, Murilo, Edson Cegonha y otros que ni en su barrio los conocían.

"Lo que mal empieza mal, mal acaba", sentencia Zenobio Fernández, sin que valga la excusa de que Joao Moraes, defensa portugués, acabó a patadas con Pelé, sin que George McBee, el árbitro británico y sus asistentes, Leo Callaghan y Kenneth Dagnall, se percataran de las serias lesiones que padecía "O' Rei".

Bastaron dos pésimas y medrosas actuaciones, frente a Hungría y Portugal, que vencieron a Brasil por idéntico marcador de 3-1, para salir vergonzosamente derrotados del estadio Goodison Park de Liverpool, donde se desarrolló esa lamentable fase eliminatoria.

En coincidencia con Fernández, en bares y tertulias, los aficionados cariocas destacaron que, en dos juegos, con siete goles en contra y uno a favor, España fue despachada de vuelta a Madrid por Holanda y Chile, el 13 y el 18 de junio de 2014, sin que hubiera necesidad de que conocer el resultado de su último partido contra Australia

Entre el 15 y 19 de julio de 1966, Brasil recibió seis goles y anotó dos -uno de "Tostao", otro de Rildo- para hacer el viaje transoceánico sin regreso, cuando días atrás era nada menos que el bicampeón mundial, gracias a las soberbias acciones de Estocolmo y Santiago de Chile, con su "scratch" colocado en el adoratorio del deporte nacional.

Aunque con menos humillación y dramatismo que Brasil y España, Francia también perdió la monarquía de 1998 en la primera etapa de Corea-Japón 2002; lo mismo que Italia dejó la suya de 2006, en Sudáfrica 2010.

"Hay decepción por sus actitudes de soberbia, y es la abdicación a una corona a las primeras de cambio; pero el caso es que España lleva en el pecado la penitencia, en espera del ajuste y rendición de cuentas que exigirá la afición que paga altísimos e indecentes salarios a sus ídolos en un país en crisis", reclama Zenobio Fernández.

El veterano empresario hispano-brasileño concluye con enojo: "La única verdad está en la cancha, y como campeones del mundo que fueron, Brasil en 1966 y España en 2014, faltaron a ella, sin paliativos y sin que hayan visto una salida en su laberinto".