Ana Caridad Acosta vuelve a ser "mujer de excelencia"

La contralto mexicana Ana Caridad Acosta volverá a ser reconocida el próximo martes por la Cámara Nacional de la Mujer (Canadem), con el premio "Mujeres de excelencia", que ya había recibido en 2009.

Asimismo, alista un concierto para el 11 de julio, al que considera histórico, pues se da en el marco de los 80 años del Palacio de Bellas Artes, y además alternará con otras grandes voces como las de Silvia Rizo, María Luisa Tamez y Lourdes Ambriz.

Otro motivo de orgullo en torno a este recital, dijo, es que para ella ese emblemático recinto siempre será su casa.

Integrante del grupo Solistas Cantantes de Ópera, de la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes, la guanajuatense es poseedora de un timbre de voz poco común, que ya había sido reconocido en 2009 con esa distinción.

Amante de las películas de Pedro Infante y admiradora de cantantes como Jorge Negrete, Emilio Tuero, Néstor Chayres, Marilú y Consuelo Velázquez, Acosta asegura sentirse muy complacida con su labor.

Y es que para ella, "cuando logras que se refleje tu espíritu para que sea escuchado por otro espíritu, de eso se trata este negocio, no de ser famoso ni de recibir premios; se trata de cumplir con tu misión de vida, y en ese sentido me siento muy satisfecha".

Bautizada en Costa Rica como "La contralto de América", Acosta inició en el canto a los ocho años, siendo parte de un coro en Cortázar (Guanajuato), y a los 12, ya en la secundaria, impresionó a la inspectora de zona con su intervención en la Novena sinfonía de Beethoven. La funcionaria les dijo que ella era soprano y había estudiado con el maestro Enrique Jasso en el Conservatorio Nacional de Música.

A los 15 años, recordó en declaraciones al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), pidió como regalo un boleto para la función de "Tosca", de Giacomo Puccini, cuyo elenco estaba conformado por Guillermina Pérez Higareda, Alfonso Navarrete y Roberto Bañuelos.

Diez años después cumplió su sueño y cantó con esa triada de artistas. "El Palacio de Bellas Artes es mi casa. Esté donde esté, esa es mi casa".

Por todo ello, la artista considera un privilegio cantar, "poder expresar mi corazón a través de la voz; sin embargo mi mayor privilegio es poder amar a la gente. Cuando canto y veo que mi voz conmueve a alguien, cuando veo sus lágrimas o su sonrisa, es suficiente para mí", expresó.