Como una persona extraordinaria, que alimentaba la poesía, una defensora de los derechos de la mujer, diplomática inteligente, fue recordada anoche por colegas y amigos la escritora mexicana Rosario Castellanos (1925-1974), en un homenaje por su 88 aniversario de natalicio.

En la Fundación Miguel Alemán, en esta ciudad, la periodista Beatriz Pagés, los escritores Dolores Castro, Raúl Ortiz y Ortiz y Samuel Gordon, el ex embajador Pedro González Rubio y la embajadora de Israel en México Rodica Radian Gordon, se refirieron cariñosamente a quien es considerada una de las poetas más importantes del siglo XX, pionera del feminismo en México.

Al tomar la palabra, Alejandro Carrillo Castro, director de la citada Fundación, celebró el presente homenaje, al tiempo que señaló que la actividad forma parte del programa de Equidad y Genero de dicha fundación.

Al respecto, la también directora de la revista Siempre!, Beatriz Pagés, dijo que la razón del presente homenaje, radica en rendir tributo a quienes han contribuido a forjar el patrimonio cultural de la nación.

"En medio de tanta carencia humana, inmersos en una crisis enmarcada lo mismo por la violencia, que por la crisis de valores y la identidad nacional, consideramos que el país está hambriento de reconocer un día, con natalicio o sin él, a quienes han contribuido a forjar el patrimonio cultural de la nación", dijo.

En la biblioteca personal del ex presidente Alemán, que gobernó México de 1946 a 1952, Pagés recordó que cada uno de los ponentes tuvo una relación de vida y con la obra de la escritora y diplomática mexicana fallecida de forma trágica en la ciudad de Tel Aviv, el 7 de agosto de 1974, tras una descarga eléctrica provocada por una lámpara cuando acudía a contestar el teléfono al salir de bañarse.

Por su parte, la poeta Dolores Castro habló de la amistad que entabló con la Premio "Xavier Villaurrutia" 1961, a quien recordó como una mujer sola, seria, tímida, divina y apasionada de la lectura y de los libros.

Dijo haberla conocido desde el tercer año de secundaria, cuando Rosario era una persona triste y tímida, debido a que se trataba de una jovencita que se sentía fuera de su ambiente en forma total, "porque los que vivíamos desde la infancia en provincia, no era fácil acostumbrarse a la Ciudad de México".

Castellanos fue una mujer a la que le agradaba siempre leer y escribir, desde muy temprana hora.

Refirió que ambas asistieron a la escuela de Leyes y, al final, "nos dimos cuenta de que no era nuestra carrera". Y comentó que estando en la Facultad de Filosofía y Letras, siempre salían a reunirse con todos los estudiantes.

Pedro González Rubio, amigo y colaborador de Castellanos durante su gestión como embajadora en Israel, evocó la figura de la novelista, su obra literaria y su experiencia diplomática, y habló no Rosario no como escritora ni embajadora, sino como mujer leal que sostenía un buen trato con las personas.

Dijo que tras llegar y presentarse con Rosario en Israel, ésta le preguntó sobre sus experiencias en temas de guerra, a fin de analizar el conflicto entre La India y Pakistán, en octubre de 1973.

Señaló que fue la propia Rosario, quien lo invitó a leer algunos de los artículos que había publicado en un diario mexicano, en los que hacía referencia a su quehacer diplomático y las experiencias de vida.

Consideró que fue la lectura de esos artículos, los que acapararon su atención más que los informes políticos, "pues de alguna manera mostraban una forma de describir el acontecer y observar la conducta humana".

También dijo que gracias a la comunicación abierta, el universo puede aprender y deleitarse leyendo, no sólo la obra poética y literaria de la autora, sino la serie de artículos que publicó e diversos medios periodísticos entre 1947 y 1974 en México, y muy particular, sobre sus observaciones en Israel, entre 1971 y 1974.

Dejó en claro que Rosario Castellanos nunca incluyó en sus artículos, aspectos de su responsabilidad como observadora y analista del acontecer político en Israel , o bien temas que pudieran comprometer al Estado Mexicano y colocarlo en un predicamento.

Consideró que la misión diplomática de la autora, la ejerció a cabalidad y aclaró que otra de las misiones que cumplió la literata fue la humana, la de escritora y la de mujer, al regalarnos sus experiencias y vivencias del día a día en Israel en diversos artículos periodísticos.