La final del futbol mexicano entre América y Cruz Azul se convirtió en un espectáculo al cual si se quiere asistir, se necesita darle una fuerte exprimida a lo que resta de la quincena o, de plano, pedir prestado a meses sin intereses para poder vivirla y sobrevivirla.

La ecuación parece muy sencilla, 500 pesos los boletos de la parte de abajo y 400 en lo más alto, el problema es que muchas de estas entradas estaban en poder de los revendedores y ellos, aunque sea complicado creerlo, también tienen "derecho" a hacer su negocio y ser felices.

Por ello, si alguna de las personas que llegaron al estadio Azteca no tenían ticket, tenían esperanza de poder entrar, el problema radicaba en el costo de los mismos, ya que muchos se cotizaban por encima de una semana de trabajo o quizá, para muchos, hasta dos.

El costo iba de los dos mil a los cinco mil pesos, sí, ese dinero por una entrada que te permitiera ver el juego desde una butaca y seguramente la pasión de muchos de ellos les permitía pagarlo.

El problema surgía si para lucirse invitaron a la conquista del momento, o peor aún, a la "oficial", a la cual no pueden decirle que no y ahí el gasto es doble.

Si se decidió hacer esa inversión, el siguiente problema era dónde poner el coche, porque antes de las 17:30 horas las puertas del estacionamiento ya estaban cerradas, estaba ocupado en su totalidad y ahí había que buscarle en las calles cercanas, donde el precio sobrepasaba el del "Coloso de Santa Ursula".

Si dejabas tu vehículo a una calle, el precio era de cien pesos o 150, dependiendo en qué tipo de unidad llegabas, si era algo ostentoso, podía subir hasta los 200, cuando en realidad, el dueño todavía lo debía y le faltaban cinco años para liquidarlo.

Y adentro de una casa, la cosa cambiaba, para empeorar, porque no bajaba de 200 pesos, los cuales, claro está, debían ser pagados por adelantado, por aquello de que se fueran a ir, pese a que estaban adentro.

Instalados ya en su lugar asignado, otro gasto que debía hacerse era el de la bebida y claro que la cerveza era la que predominaba, con el costo de 70 por una doble, es decir, de entrada ya eran 140, que multiplicados por varias, era un precio bastante elevado. O un refresco de 25, para los niños o los abstemios.

Y aunque pareciera que del alcohol vive el hombre, no, también merece un poco de alimento y eso implica que otro billetito tuviera que ser evacuado de la cartera, ya que por una pizza se debía desembolsar 50 pesos, precio similar por una hamburguesa o un poco menos por una sopa, de esas que dicen que hacen mucho daño.

La cosa no paraba ahí, porque si su equipo ganaba venían los festejos, lo que implica otra pellizcada a lo que ya no se tiene, lo cual podría derivar en una falta al trabajo que podría costar la destitución de la plaza, pero fuera de eso, el futbol lo vale, al menos para la mayoría de los que se dieron cita en esta gran final.