El pianista chino Lang Lang (Shenyang, 1982) ofreció esta tarde aquí una Master Class a tres jóvenes estudiantes mexicanos, quienes aprendieron sobre su técnica interpretativa y conocieron algunos de sus secreto en el arte de tocar el teclado.

Diana Rodríguez, de la Escuela Superior de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como Daniela Luna y Pablo Suaste, ambos de la Escuela de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), fueron los beneficiados con la cátedra práctica.

El primero en brincar al escenario junto con el chino fue Pablo, de 19 años, quien interpretó una obra de Frédéric Chopin, virtuoso del piano nacido en Polonia en febrero de 1810 y fallecido en Francia en octubre de 1849, famoso por sus preludios, nocturnos y sonatas.

"Seleccionó una bonita música", dijo Lang Lang al público asistente, quien luego de más de una hora de impaciente espera, por fin vio iniciada la Master Class dedicada a estudiantes, profesores y público interesado en el instrumento que él toca desde que tenía apenas tres años de edad.

"Antes de tocar, piensa qué clase de sonido deseas producir", fue la primera indicación. Pablo aceptó el sabio consejo asentando con la cabeza. El maestro, detrás del alumno, observó su modo de sentarse, de mirar el teclado y la forma en que libró sus manos de un eventual nerviosismo.

Vino una retahíla de consejos, lecciones, exhortaciones, reparos y hasta una que otra amonestación. Todo en aras de alcanzar el virtuosismo. "Necesitas encontrar una velocidad adecuada, no corras ni vayas tan lento; cada pieza tiene su velocidad y su ritmo", aconsejó el músico oriental.

Lang Lang: "Cada nota es única. Dentro de esa idea, hay notas que se repiten a lo largo de cada paisaje de Chopin, y hay otras irrepetibles. Esas, las únicas, debes tocarlas con mayor fuerza y rapidez". El estudiante mexicano volvió a asentar y lanzó una furtiva mirada al experto.

"Piensa en el sonido antes de tocar", insistió Lang Lang. "El piano es una sorpresa y nadie sabe nunca qué va a suceder en cada concierto o interpretación que hagas", añadió. Luego sentenció: "No pierdas el pulso y mide los tiempos de cada una de tus dos manos".

Con ágiles movimientos corporales y sonidos guturales, a veces graciosos, el influyente pianista rompió la evidente tensión que experimentaba Pablo en ese momento. Tener a sus espaldas al pianista vivo más grande del mundo, no era para sentirse del todo cómodo.

Pese a lo anterior, para Pablo Suaste eso representó una de las experiencias más gratificantes desde que por primera vez se sentó frente a un piano. La felicidad crecía en él cuando Lang Lang tocaba su hombro para enfatizar cada una de las indicaciones, siempre bien intencionadas.

El piano Steinway, negro y hermoso, fue compartido por ambos artistas en más de una ocasión y en esa posición, el chino dijo a Pablo como parte de sus últimos consejos profesionales, y de vida tal vez: "Debes cuidar que la mano derecha no rebase a la izquierda, y viceversa". ¡Que experiencia para todos!.