Arnoldo Martínez Verdugo, figura emblemática de la izquierda mexicana fue un hombre de principios, de ideales, precursor de la apertura democrática en México que deja un profundo legado de ética y congruencia en la política nacional, aseveró el coordinador de los senadores del PRD, Miguel Barbosa.

Luego de lamentar el deceso del ex líder del Partido Comunista Mexicano (PCM), el legislador perredista expresó "quienes lo conocimos lo recordamos como un hombre austero, congruente y solidario. Pudo conciliar el diálogo con una visión independiente, la tolerancia con la firmeza de principios".

"Fue un insistente promotor de la unidad de las izquierdas y siempre recalcó la necesidad de dar paso hacia una fuerza política capaz de superar críticamente a las organizaciones anteriores", afirmó.

Gracias a su liderazgo fue uno de los principales impulsores de la apertura hacia la democracia. "Desempeñó un papel clave en la activación de nuestra transición a la democracia y en el proceso de unificación de las izquierdas en México", indicó.

En los años 70, recordó, "encabezó las negociaciones que se entablaron con el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, en torno a la legalización del PCM y las reformas necesarias para que la izquierda pudiera participar en la competencia democrática".

El representante por el estado de Puebla también resaltó que en su etapa de dirigente del Partido Comunista Mexicano (PCM), Arnoldo Martínez Verdugo fue una figura clave para explicar la independencia de ese instituto político de la línea soviética.

Recordó que en 1968 tanques soviéticos invadieron Checoslovaquia para "marchitar" mediante represión lo que hasta entonces se conocía como la Primavera de Praga.

Ante estos hechos, Martínez Verdugo tomó la determinación de no ser un peón acrítico de la línea soviética", agregó el presidente del Instituto Belisario Domínguez.

El senador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) resaltó que Arnoldo Martínez, nacido en 1925, fue un personaje que se desplegó en un ambiente de transición en el que todavía muchos se aferraban a los viejos dogmas soviéticos.

Sin embargo, la presión del ambiente que lo rodeaba no impidió que tomara las decisiones correctas y, finalmente, el tiempo le dio la razón, puntualizó.