INAH preserva vasto conocimiento sobre "curanderos" y sus prácticas

Luego de ocho años de estudiar las representaciones y prácticas curativas en Suchitlán, Colima, mejor conocida como "Tierra de Brujos", Edith Peña Sánchez y Lilia Hernández Albarrán publicaron "Entre saberes ancestrales y conocimientos contemporáneos", que rescata la medicina tradicional.

Suchitlán es un pueblo mágico, de calles empedradas, vegetación nativa de árboles frutales y plantas medicinales, donde se encuentra Nido de Águila, único temazcal subterráneo de diseño mexica del país; forma parte del municipio de Comala.

Hasta allí llegaron las investigadoras de la Dirección de Antropología Física del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para hacer observación y llevar un diario de campo que finalmente dio origen al citado libro que, entre otras cosas, ofrece un vasto conocimiento de los llamados "curanderos".

También, documenta la forma cómo se han ido transmitiendo los conocimientos al grado de hacer de Suchitlán un paraíso de la medicina tradicional.

De acuerdo con su trabajo, la idiosincrasia de los pobladores de Suchitlán parte de que el doctor de bata blanca no sabe curar enfermedades como empacho, espanto, agarre de duende, pérdida de sombra, empacho de hombre por mujer, empacho de mujer por hombre, chipilez del niño (o del hombre) cuando la mujer está embarazada.

Cuestiones que no parecieran de relevancia para el ámbito clínico puesto que no están en el cuadro diagnóstico, y que, por tanto, no son consideradas enfermedades sino "síndromes culturales".

"El conocimiento del médico es posicionado en factores biológicos, patológicos y etereológicos de la enfermedad, mientras que el curandero lo hace en principios holísticos, donde el problema de salud puede ser físico, mental, espiritual o incluso comunitario como la envidia; porque en algunas zonas es considerada una enfermedad, como en otras la vergüenza", afirmó Edith Yesenia Peña Sánchez.

En ese sentido, dijo, "Entre saberes..." muestra prácticas curativas a nivel etnográfico como la naturista, la biomédica, la mixta y la psicoreligiosa.

"Esta última comprende elementos vinculados con divinidades con las que se hace un manejo o manipulación de fuerzas, en la que el curandero puede poseer el conocimiento de los dueños del monte, del cerro o del río y ser utilizada en beneficio o perjuicio de la cura física", señaló.

En la zona, la vocación de curandero puede manifestarse de distintas maneras. La principal es la transmisión del conocimiento entre familias o grupos y es considerada un don.

"Si uno se enferma y logra la cura mediante plantas, hierbas, animales, minerales, fluidos corporales o alimentos, tiene la responsabilidad de curar a otros. Si se tiene la inquietud y se observa al que sabe curar, todo se aprenderá observando", agregó la investigadora.

El libro ofrece además un listado de padecimientos y enfermedades generales con su terapéutica y tratamiento, para curar males como aire en el estómago, alcoholismo, almorranas, anemia, ataque al corazón, bilis, bronquitis, caída de matriz, carnosidad de ojos, cirrosis, cólicos de mujer por menstruación, colitis, estreñimiento, cruda, debilidad, entre muchos otros.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recordó que este año circulará el volumen dos: "Patrimonio biocultural y recursos curativos", que profundizará en cerca de 400 paliativos de plantas, animales, minerales, vegetales, fluidos corporales, alimentos, entre otros que muchas veces no se toman en cuenta.