Benito Taibo y Xavier Velasco dialogan sobre obra de Emilio Pacheco

Durante el diálogo abierto con el público entre los escritores Benito Taibo y Xavier Velasco, "La ciudad y la memoria", en torno a la figura y obra de José Emilio Pacheco, realizado en el en el Museo de las Artes (Musa), el público también se sumó a las decenas de anécdotas del ganador del Premio Cervantes 2009.

En una actividad a la que asistió la hija del homenajeado, Laura Emilia Pacheco, luego de que ayer durante todo el día hubiera un maratón de lectura de la novela "Las batallas en el desierto", se contaron infinidad de anécdotas del escritor.

Benito Taibo dijo: "He sido feliz en mucha ocasiones en mi vida, pero uno de mis días más felices fue cuando un día, durante la Feria Internacional del Libro, sonó el teléfono a las seis de la mañana, no tenía idea de quién me hablaba. Me dijeron que José Emilio Pacheco había ganado el Cervantes.

"Colgué y empecé a saltar en la cama. Salí a contárselo a alguien, pero a esa hora no encontré a nadie. Me bañé y me vestí. Y luego hicimos unas camisetas que decían al frente: 'Todos somos Pacheco's'", recordó Taibo.

Por su parte, Xavier Velasco relató que su primer encuentro con Pacheco fue con el poema "Cerdo ante Dios", y añadió que "a mí también me despertaron ese día con la misma noticia. Yo tenía que presentarlo en 'Mil jóvenes en la FIL'. Cuando llegó le di un abrazo.

"Yo no sé qué haría si un día me dan un premio así y no me vuelvo un idiota en cinco minutos. Era alegría y resignación, porque eso era cargar una calamidad. Me sentí como el cirineo que tenía que ayudarlo. Pero me di cuenta que este hombre era de una pieza. Le puedes dar el Nobel y se mantiene igual", destacó.

Y luego, entre las decenas de anécdotas contadas en el museo de la Universidad de Guadalajara, ambos escritores elogiaron a Pacheco, al que calificaron como una persona maravillosa y con una humildad impresionante, además de ser un obsesivo-compulsivo como escritor y corrector.

"Un día, a los 14 años, me acerqué y le dije: 'Quiero ser poeta'; y él me contestó: 'Yo también quiero ser poeta'. No creo en la reencarnación, pero si existiera, me faltarían seis o siete vidas para agradecerle todo lo que me dio", añadió Taibo para luego leer uno de sus poemas.

Benito Taibo narró cómo un día plagió a Pacheco. "Me acerqué con la novia de uno de los jugadores de basquetbol de la escuela, un hombre alto y güerito. Y al oído le recité el poema ´Horas altas´. Ella, abriendo sus grandes ojos castaños, me preguntó que si el poema era mío.

"Le contesté: 'Es mío, por supuesto'. ¿Y qué creen que pasó? Literatura mata carita. Dejó de ser la novia del jugador más alto y rubio. Un día se lo platiqué a Pacheco y se rió mucho, y me dijo: ´Por fin mis poemas sirven para algo"´, finalizó.