Adriana González Márquez se declara esclava de la inspiración

Tras declararse "esclava de la inspiración", cuya musa ama posarse en su hombro por las tardes y noches, sobre todo si llueve y más aún si hay tormenta eléctrica, la escritora mexicana Adriana González se dijo hoy satisfecha al contemplar su trilogía "Los dominios del ónix negro".

Nacida en Aguascalientes, entidad localizada en el corazón de México, definió su obra en entregas como "una historia que tiene como intención atrapar al lector y sumergirlo en un mundo nuevo y distinto, a la vez de acompañarlo a comprender que leer transporta y ayuda a vivir más vidas que sólo la propia".

Dividida en "I. La elevación", "II. La conexión" y "III. La unión", la trilogía, razonó la autora durante una entrevista con Notimex, "es una historia original que ayuda a relajarse, a salir de los problemas cotidianos y de la rutina diaria, para desconectarse del estrés y el hastío de cada día".

Además de la gozosa experiencia de haber escrito esta obra literaria inscrita en la fantasía, para González Márquez ha representado un enriquecimiento sin igual la convivencia con sus lectores, que se suman por legiones dentro y fuera del país, a través de las redes sociales y la edición de sus libros en España y Latinoamérica.

Aunque para el lector curioso y observador la trilogía hace un espléndido papel como atinada respuesta latinoamericana en general, y mexicana en particular, a las sagas anglosajonas y norteamericanas que en los últimos años han llegado a través de libro y la pantalla grande, la autora no concibió así este vasto proyecto.

"No fue ese el propósito. Fue una idea que surgió, creció y maduró en mi mente. Cuando comencé a escribir pensaba en una historia corta, pero se desarrolló y se fue construyendo hasta crecer más de lo que yo esperaba sin ser algo planeado o consciente. Dejé fluir todo sin pensar en una respuesta, pero si lo es, qué bueno".

Al citar a los personajes subrayó que hubo uno, en especial, que estando planeado para cumplir su misión y luego desaparecer, tomó vida propia.

"Al comenzar a escribir yo no conocía toda la historia, la fui descubriendo en el camino, y ese personaje se aferró a la historia y se negó terminantemente a salir de ella", dijo.

Entre otros aspectos, por eso, el grado de dificultad que halló fue poder hilar todas las ideas que bullían en su cabeza. "Lo difícil fue conducir bien la trama para que no se fuera por una tangente o perdiera el hilo narrativo; como escritor, uno es esclavo de la inspiración para que las ideas fluyan adecuadamente", acotó.

Sin embargo, la entrevistada reconoció que no todo se debe al trabajo de la musa de la inspiración. "Al mismo tiempo, uno debe tener cierto grado de control sobre lo que está escribiendo y no dejar que las cosas se vayan más allá de lo que está planeado. Una historia se puede echar a perder si tiene un mal final".

El resto de los personajes fueron surgiendo de la imaginación y de la gente que ella tiene a su alrededor. "Tomo lo más interesante de cada persona que conozco y con eso la historia y los personajes de mi imaginación son más reales dentro de la ficción", dijo la autora, al añadir que entre líneas hay tintes autobiográficos.

"La mejor parte de todo este proceso ha sido conocer a la gente y escuchar de los lectores comentarios afables y alentadores, o una simple palabra cariñosa para mí y para mi trabajo", señaló. Consecuentemente, invitó al público para que el domingo 4 de mayo, la acompañe a la presentación de la tercera entrega serial.

Informó que será dentro de la Expo Pública que con motivo de su 50 aniversario presenta la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), del 25 de abril al 4 de mayo en el World Trace Center de la capital del país. "Ahí espero poder charlar con los lectores, tomarme la foto y firmar todos sus libros".

En la primera entrega, "La elevación", Vanessa tiene 17 años, está en el último semestre de la preparatoria y tiene una vida muy aburrida (según ella). Lo único que hace que sus días sean tolerables son sus sueños, los cuales la llevan a lugares muy apacibles. Lo malo es que últimamente éstos no han sido muy cordiales.

Si bien en ellos se topa con Erick, un apuesto joven que se siente atraído por Vanessa, también ha estado en un par de ocasiones en peligro de muerte. Pero a pesar de esos riesgos, la chica se ha obsesionado de tal modo con el chico, que ya no pone atención a nada de lo que ocurre en su vida diaria; ya lo quiere mucho.

En "La conexión", otro personaje, Matheo finalmente ya atravesó el portal. Ella logra escuchar la angustia en su voz, se inclina un poco más hacia él, levantando la orilla del chaleco hasta dejar al descubierto el tatuaje sobre su omóplato; la marca que unía a su espíritu con su cuerpo se estaba desdibujando lentamente.

Finalmente, en "La unión" se presenta la última oportunidad para ella y tenía que aprovecharla. Saca una de sus cimitarras y se acerca lo suficiente como para enterrársela en la espalda, pero fue justo en ese instante que él se volvió hacia ella levantando el brazo y lanzando una descarga de energía negra que le atravesó el pecho.