Legado de Antonín Dvorak sigue vigente en la escena musical

A propósito de su 110 aniversario luctuoso, el destacado compositor Antonín Dvorak es recordado por sus aportes musicales, tanto en su natal República Checa como en México y España, y su producción es con frecuencia protagonista de recitales.

Entre las piezas más interpretadas de quien es considerado el máximo representante del movimiento musical nacionalista checo destacan: la "Sinfonía del Nuevo Mundo" (1893), el "Cuarteto en fa mayor" (1893), los "Cantos bíblicos" (1894) y el "Concierto para violoncelo y orquesta" (1895).

Antonín Leopold Dvorák nació en Nelahozeves, República Checa, el 8 de septiembre de 1841, y fue uno de los grandes compositores de la segunda mitad del siglo XIX; logró ganar fama internacional gracias a su más célebre obra titulada "Sinfonía del nuevo mundo".

Inició sus estudios en Zlonice, y en 1857, estudió en la Escuela de Órgano de la Ciudad, en Praga, y luego trabajó en la orquestina de Karel Komzák, con quien adquirió cierta reputación como intérprete, de acuerdo con información de la página de internet biografiasyvidas.com.

En 1873, el músico saltó a la fama con su composición "Himno Patriótico", de un fervor nacionalista, y con su colección "Danzas Eslavas", con las cuales obtuvo una beca del gobierno austriaco y pudo visitar Inglaterra en constantes ocasiones.

Desempeñó la labor de organista en la iglesia de San Adalberto, en Praga, para obtener cierta estabilidad económica. Contrajo matrimonio con Anna Cermáková.

Nuevamente viajó a Inglaterra, donde fue nombrado miembro de honor de la Sociedad Filarmónica de Londres, y ahí escribió obras como "La novia del espectro", "Réquiem", para Birmingham y su "Séptima sinfonía", para dicha agrupación, de acuerdo con el portal www.lastfm.es.

En 1892, Jeannette Thurber, fundadora del Conservatorio de Nueva York, le ofreció la dirección de este recinto convenciéndolo de viajar a Estados Unidos. Dvorák aceptó y fue en ese lugar, inspirado por los cantos espirituales de los afroamericanos y de los aborígenes estadounidenses, como compuso su "Novena sinfonía", mejor conocida como "Sinfonía del nuevo mundo".

De igual forma, de este periodo son las obras "Quinteto para cuerdas en mi bemol mayor", el célebre "Cuarteto americano" y "Concierto para violonchelo y orquesta", esta última convirtiéndose en una de las obras más apreciadas para este instrumento.

Las dificultades económicas y la añoranza de su tierra natal, hicieron que en 1985 Dvorák regresara a Praga, donde escribió poemas sinfónicos y vio recompensados, económicamente, sus esfuerzos gracias al éxito de la ópera "Rusalka", y de sus clases en el Conservatorio de la ciudad.

A pesar del éxito que el compositor obtuvo permaneció siempre humilde, con gustos sencillos y leal a su nacionalidad. Murió en su país, de una congestión cerebral, el 1 de mayo de 1904.

Dentro de los reconocimientos más destacados que obtuvo el compositor figuran: el doctorado "Honoris Causa" por la Universidad de Praga (1981), la Orden de la Cruz de Hierro otorgada por el emperador Francisco José I (1891), y un sillón en la Academia de Ciencias y Bellas Artes de Checoslovaquia y Berlín, entre otros.