Domina polarización en Argentina a 10 años de kirchnerismo

La polarización impone el ritmo del debate social en una Argentina dividida entre oficialistas y opositores que apoyan o repudian, sin matices, al kirchnerismo, la fuerza política que el próximo sábado cumplirá 10 años en el poder.

Esta división social era inimaginable el 25 de mayo de 2003, cuando un desconocido dirigente llamado Néstor Kirchner juró como presidente de un país que estaba sumergido en una de las crisis económicas, políticas y sociales más graves de su historia.

Kirchner legitimó su gobierno al renovar la Corte Suprema, apoyar de manera inédita a los organismos de derechos humanos, renegociar la deuda externa e iniciar una acelerada recuperación económica que permitió reducir la pobreza y el desempleo.

Aunque sufrió varios escándalos de corrupción, el kirchnerismo se afianzó en el poder y en 2007 volvió a ganar las presidenciales, pero ahora con la primera dama Cristina Fernández de Kirchner como candidata, quien se benefició de la popularidad de su marido.

El quiebre social llegó en 2008, cuando el gobierno propuso un alza de impuestos a la exportación de granos que provocó un conflicto con las patronales agropecuarias y que se convirtió en la primera gran crisis y derrota del kirchnerismo.

Kirchner, convertido entonces en "primer caballero", advirtió que no había lugar para los tibios, que quien no era amigo era enemigo, y dio la señal de arranque para la polarización que ha marcado desde entonces toda política del gobierno.

Así ocurrió con la reestatización de las pensiones y jubilaciones, la Ley de Medios y la pelea que mantiene desde hace cinco años con el Grupo Clarín; los programas sociales, la renegociación de la deuda y el intento de desdolarizar la economía.

Cada una de estas medidas ha tenido sus defensores y detractores incondicionales, quienes se enfrentan tanto en reuniones familiares o de amigos, como en los medios oficialistas y opositores, aunque estos últimos se siguen autodefiniendo como "independientes".

La polarización fue evidente, otra vez, en los comicios de 2011, cuando Fernández de Kirchner fue reelecta con el 54 por ciento de los votos, un año después de la sorpresiva muerte de su marido, quien hasta entonces era el principal candidato a la postulación.

Aún hoy, las encuestas identifican a una mitad de la sociedad que respalda al gobierno, mientras que el otro 50 por ciento manifiesta su repudio en frecuentes "cacerolazos" en los que exige el fin del kirchnerismo con eslóganes promovidos por la prensa opositora.

El enfrentamiento social entre kirchneristas y antikirchneristas suele ser criticado por analistas políticos, como José Nun, el ex secretario de Cultura de Néstor y Cristina que considera que la principal falla del gobierno fue instalar la visión maniquea del "amigo-enemigo".

Pablo Mendelevich, articulista del diario La Nación, escribió, por su parte, que "la partición de la sociedad en dos" es "un aspecto cualitativo, lamentablemente muy oneroso, en el que retrocedimos más de 60 años".