Sor Juana se fue del mundo, el mundo siguió con ella: Elvridge-Thomas

Sor Juana Inés de la Cruz se alejó del mundo para poder dar rienda suelta a su inquietud intelectual, sin embargo, el mundo nunca la abandonó, pues al convento de San Jerónimo, donde ella se enclaustró por gusto, entraba gente y las noticias fluían, señaló Roxana Elvridge-Thomas.

Al participar anoche en la sesión "Una habitación propia: Sor Juana, presa de conciencia", dedicada a analizar aspectos en la obra y pensamiento de Sor Juana Inés de la Cruz, la dramaturga Elvridge-Thomas sostuvo que "ella entró por su propio pie al convento de San Jerónimo para hacer el grueso de su obra".

En la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, la también investigadora se refirió en el sentido de que Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida con el paso del tiempo como Sor Juana Inés de la Cruz, tenía, como mujer del Siglo XVII únicamente dos opciones para hacer su propia vida:

La primera, dijo, casarse, muy probablemente con algún patán de la época, y nada más dedicarse a lo que las mujeres de entonces se dedicaban. Es decir, a las labores propias del hogar, y a tener, educar y atender a muchos hijos, los cuales seguramente con los años le sacarían canas verdes y la enfermarían.

La segunda, explicó enseguida la experta en el tema, entrar a un convento y hacer lo que le gustaba: Escribir. "Primero entró al convento que hoy es el centro de cultura Ex Teresa Arte Actual, cerca de la Catedral. Ahí enfermó y las monjas la regresaron a las autoridades que la habían recomendado".

Una vez recuperada su salud, abonó a sus declaraciones, "se fue a refugiar al Convento de San Jerónimo, donde con su dinero acondicionó su celda para vivir tranquila y cómoda". Cada monja jerónima, según sus recursos, hacía su celda-casita linda, por eso Virginia Woolf escribió la obra "Una habitación propia", se dijo luego.

Este ciclo retomó esta noche una de las obras más importantes en lengua hispana a partir de un diálogo con el ensayo "Una habitación propia" de la escritora británica Virginia Woolf, donde reflexiona en torno a las dificultades y necesidades históricas que han tenido las mujeres para acercarse a la escritura.

Para Sor Juana, el hecho de vivir en un convento proporcionó esa habitación propia de la que habla Woolf en su ensayo, pues esto le permitió no sólo escribir, sino desarrollar su talento, que en cualquier otra condición hubiera sido más difícil debido a la época en la que vivió, destacó por su parte Cecilia López Ridaura.

Escritora, López Ridaura añadió: "Sor Juana es una gran figura del barroco hispánico. Si bien es difícil inscribirla en el sentido del feminismo porque ese concepto no tiene que ver con su época, y puesto que sigue siendo una mujer de su época, fue más bien una mujer con capacidades extraordinarias".

A López Ridaura le interesó hoy hablar acerca de "La carta Atenagórica", documento que Sor Juana Inés de la Cruz escribió como una réplica al sermón del padre jesuita portugués Antonio Vieira (1608-1697), en la que reflexiona acerca de la mayor expresión de amor de Cristo al momento justo de morir.

"Esta misiva suscitó opiniones encontradas en algunas personas que no estaban de acuerdo con Sor Juana, como por ejemplo Sor Filotea de la Cruz (seudónimo del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz), de quien se defendió con argumentos sólidos su derecho a escribir acerca de temas teológicos", concluyó.