Recomienda experto fortalecer instituciones para disminuir violencia

Para enfrentar y disminuir la violencia, las políticas públicas deben dirigirse hacia un objetivo central, que es fortalecer las instituciones, señaló el investigador de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, Alfredo Guerrero Tapia.

El profesor de la División del Sistema de Universidad Abierta de la FP explicó que en México las instituciones sociales se han degradado, sobre todo el sistema de justicia, y cuando éste pierde credibilidad y las demás instituciones (religiosa, familiar, política y educativa) tampoco tienen poder parar regular la vida social, aflora la violencia.

Según el investigador universitario, el fenómeno se incrementó a partir de que el Estado se retiró del espacio público y así se canceló una normatividad que regulaba la vida pública en los ámbitos fundamentales: político, social y familiar.

Indicó que cuando se observa una violencia extendida en los espacios de la vida pública y familiar, incluso íntima, hay que preguntarse dónde está su origen.

Explicó que la violencia se ha naturalizado, se ha hecho costumbre y eso es grave, porque si las relaciones que establece un individuo las formula, las piensa y las vive a partir de la violencia, se crean y activan en mecanismos de defensa que convierten la vida cotidiana.

En opinión del especialista, el victimario es un individuo que se ha vuelto perverso porque se encuentra inmerso en una condición social que se nutre de todos los tipos y escalas de violencia propicios para ese comportamiento.

Además de que el victimario "tiene un grado de perversión y alienación generado por la desregulación de las instituciones".

Al respecto, Guerrero Tapia plantea que se ha dicho que cualquier individuo es proclive a convertirse en posible victimario (incluso se ha tratado de "patologizar" esta condición desde la psicología), pero esto es erróneo.

Puntualizó que si se revisan los expedientes puede advertirse que fueron víctimas de violencia directamente en la familia, el trabajo o la propia sociedad. En el caso de la intrafamiliar y escolar, los victimarios son adultos (padres, profesores y directivos).