Las obras del compositor austriaco Gustav Mahler, quien falleció el 18 de mayo de 1911 en Viena, hoy en día siguen vigentes, por lo que se ha convertido en uno de los músicos más interpretados en los auditorios de todo el mundo.

Oriundo de Kaliste, aldea que pertenecía al Imperio austrohúngaro y que ahora se encuentra en República Checa, Mahler solía decir que su tiempo llegaría, haciendo referencia al futuro y aunque en su época fue más reconocido como director de orquesta que como compositor, actualmente se le considera uno de los más grandes y originales sinfonistas.

De acuerdo con el portal de internet "biografíasyvidas.com", el compositor, nacido el 7 de julio de 1860, es también uno de los músicos que anunciaron y presagiaron en su obra de manera más lúcida y consecuente todas las contradicciones que definirían el desarrollo del arte musical a lo largo del siglo XX.

A lo largo de su vida, Mahler se enfrentó a una serie de problemáticas que lo llevarían a desarrollar un continuo sentimiento de culpa: fue miembro de una familia de recursos limitados, perteneció a una minoría germanoparlante y era judío.

Aunque como intérprete fue un director que sobresalió en el terreno operístico, como creador centró todos sus esfuerzos en la forma sinfónica y en el lied, e incluso en ocasiones conjugó en una partitura ambos géneros.

Mahler también manifestó que componer una sinfonía era "construir un mundo con todos los medios posibles", por lo que sus trabajos en este campo se caracterizaban por una heterogeneidad, por introducir elementos de distinta procedencia en un marco formal heredado de la tradición clásica vienesa.

Su revalorización se vio afectada por el nazismo alemán que se expandió a Austria e incluso, por sus condiciones de compositor y judío, la interpretación de sus obras fue prohibida. Sus aportaciones tuvieron que esperar a que finalizara la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), para ser tomadas en cuenta.

Se formó en el Conservatorio de Viena y comenzó su actividad artística en pequeños teatros de Liubliana, Olomouc y Kaseel, luego Mahler se trasladó a Leipzig, en el verano de 1886 y durante un tiempo se desempeñó como director asistente de la orquesta de esa ciudad alemana.

En este periodo también dirigió 130 conciertos en la primera temporada y 200 en la segunda; fue en el lugar donde compuso su primera sinfonía y más tarde se convirtió en asistente del destacado Arthur Nikisch en Leipzing y su carrera siguió evolucionando.

Fue director de la Ópera de Budapest y posteriormente de la de Hamburgo, en estos cargos tuvo la oportunidad de ir perfilando su personal técnica. Para 1897 dirigió la Ópera de Viena condicionado previamente a renunciar a su condición de judío y convertirse en católico.

Una década más tarde dirigió la Metropolitan Opera House y la Sociedad Filarmónica de Nueva York, luego de una enfermedad del corazón y la muerte de una de sus hijas.

En 1911 decidió regresar a Viena. Mahler se sintió cansado y enfermo, por lo que falleció al poco tiempo, el 18 de mayo de ese mismo año.

Mahler dejó un gran legado en el campo musical; creó 10 sinfonías, de ellas las números dos, tres, cuatro y ocho incluyen la voz humana, según el modelo establecido por Beethoven en su "Novena Sinfonía". A partir de la quinta, su música comenzó a ser más trágica y así en la Sexta, la Novena y en esa sinfonía vocal que es "La canción de la Tierra".