Llega Alejandra Díaz Cossío para contar cuentos en Minería

La cuentacuentos Alejandra Díaz Cossío llenó la atmósfera del Pabellón del Estado de Morelos en la XXXV Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería (FILPM) con la divertida lectura en voz alta de varios cuentos y microficciones con las que hizo las delicias de los chicos.

La presentación de la promotora cultural, inscrita en el programa organizado por las autoridades de Morelos, Estado Invitado de Honor de la edición 2014 de la FILPM, incluyó la lectura de "Una canción de amor desentonada", de Gilberto Rendón Ortiz, y "Una tarde de domingo", del autor Efraín Blanco.

El espectáculo, recomendado para niños y niñas de 7 a 12 años de edad, inició cuando Díaz Cossío, enviada por la Dirección de Desarrollo Cultural Juvenil del Estado de Morelos, comentó que ella se dedica desde hace varios años a ser actriz y teatrera, así como a fomentar el hábito de la lectura en su estado.

"Pero en esta ocasión, me dijeron que viniera a contar cuentos y por eso, les voy a leer algunas obras, pequeñas una y no tanto otras, de diversos autores", advirtió, y a manera de introducción a su primera lectura informó que Morelos es un estado chiquito, "pero con gran biodiversidad y muchos microsistemas".

Con su peculiar geografía, variedad de climas, altura sobre el nivel del mar y ecosistemas, añadió, Morelos posee una riqueza increíble en materia de flora y fauna. "En Morelos, abunda toda clase bichos", subrayó, y se arrancó leyendo.

Inició con "Una canción de amor desentonada", de Gilberto Rendón Ortiz, cuyos personajes son unos insectos que comienzan a experimentar con eso que se llama amor. Ellos habitan, probablemente, en el jardín del autor, quien tiene una casita muy linda y muy blanca en Cuautla, allá, en el estado de Morelos.

Viven en una sociedad donde se habla en un "olorífero lenguaje". Entre todos, destaca "Polifonio", quien se quiebra la cabeza pensando cómo hacer para que los olores, que es su forma de comunicación, queden registrados en el papel, o en algún otro dispositivo, como las letras están en los libros de los humanos.

"Polifonio" siempre andaba recogiendo palabras perfumadas, para luego recitarlas en su casa. Sin embargo, sufría por no poder registrar y plasmar esos olores en un archivo. Por eso, ideó algo, inventar un "ológrafo", y dejar ahí grabados, para la posteridad, el mayor número de olores que pudiera reunir.

Pero todo salió mal. El aparato no sirvió como él esperaba y ante esa doble derrota, pues por un lado quería tener ese aparato y por otro deseaba enamorar a "Sinfonía", se sentó para llorar su pena. Sin embargo, pronto se levantó y comenzó a frotar sus antenitas, produciendo así una resonancia harmoniosa.

Desde su hojita donde vivía, "Sinfonía" lo escuchó. El puro sonido, dulce y melodioso, la conquistó. Se asomó a ver de dónde provenían esas lindas notas, y descubrió que era "Polifonio". Se miraron, se entendieron y vivieron felices.